Viajar junto al balón

Hallar una conexión rápida con Leo Messi, Neymar Júnior y Luis Suárez, y que la unión de talentos de estos tres fenómenos haga el resto: así podríamos definir a gran escala la idea de Luis Enrique de traspasar el poder del FC Barcelona de su centro del campo a la delantera para volver a ser los reyes del balompié. Pero este proceso no se puede cumplimentar de cualquier forma. Debe ser un viaje planificado con el balón de todo el equipo, para conseguir ordenarse todos juntos a su alrededor, y poder así recuperarlo rápidamente con el objeto de entregárselo cuando antes a sus dueños para que la orquesta no deje de tocar. Sin embargo, a veces los rivales se afanan por evitar que el conjunto azulgrana inicie su camino con la pelota controlada, lo que obliga a retocar algunas piezas en su tablero.

Dentro del modelo de juego del Barça, el famoso ‘juego de posición’, es fundamental que el equipo emprenda el viaje hacia la portería rival con el balón desde el inicio, generando ventajas en cada zona del campo para después aprovecharlas en el último tercio. La salida desde atrás debe ser un mecanismo limpio y eficaz. Se exige un alto grado de concentración, precisión y velocidad, con la intención de regalar al compañero espacio y tiempo para seguir avanzando. Es una fase del juego clave para dominar el campo y el balón ante rivales que deciden asaltar el medio del campo y presionar la puesta en escena blaugrana buscando hacer cortocircuito en la conexión con la ‘MSN’.

“Si sales bien, puedes llegar a jugar bien; si no lo haces, no hay opción”, Johan Cruyff.

En los últimos tiempos, y aprovechando que en este tramo de la temporada la fábrica del Barça no está al mayor nivel de rendimiento, muchos son los rivales que se atreven a provocar problemas al principio del juego culé, obligando al técnico Luis Enrique a buscar soluciones. -Porque si algo caracteriza a este club es su valentía y exigencia; no se pueden evitar los problemas y el jugar bien es una prioridad tan grande como el ganar-. Por lo tanto, pocas veces veremos a los defensores azulgranas mandar balones largos para salir de la asfixia de la presión. El Barça hace gala de su personalidad y convicción para salir siempre desde atrás jugando. Lo demostró en Cornellà-El Prat, La Rosaleda, San Mamés y el sábado en el Camp Nou.

La presión alta del Atlético bloqueó el juego del Barça en su salida al inicio.
La presión alta del Atlético bloqueó el juego del Barça en su salida al inicio.

No existe mejor forma de valorar el conocimiento y ejecución del sistema Barça que teniendo enfrente el entramado defensivo más poderoso del mundo, el Atlético de Madrid de Diego Pablo Simeone. Ante la presión alta e intensa en 4-4-2 de los colchoneros, que más bien parecían el grandísimo Milan de Arrigo Sacchi, la estructura blaugrana se tambaleó por momentos. Incapaz de salir de forma nítida desde el fondo el Barcelona sufría en su propio estadio un acoso que le evitaba poder poner en marcha en funcionamiento su maquinaria. El Atleti defendía con seis hombres en campo rival, dejando cuatro atrás para tener superioridad ante el temido tridente culé. Solo el lateral más alejado del balón quedaba libre de marca. No había posibilidad para ejercer dominio.

El paso a la salida lavolpiana con Busquets entre los centrales dio el mando del partido al Luis Enrique frente a Simeone.
El paso a la salida lavolpiana con Busquets entre los centrales dio el mando del partido al Luis Enrique frente a Simeone.

Entonces fue cuando el arquitecto Luis Enrique se acordó una vez más de La Volpe y colocó al pilar que sujeta toda su estructura, Sergio Busquets, entre los centrales. De esta forma consiguió una distribución más racional de los espacios, que generó ventajas y resquebrajó el sistema de defensa zonal rojiblanco. Se formó un tres contras dos en el fondo donde Piqué y Mascherano podían conducir para superar y liberar; los laterales se colocaban más adelante provocando la superioridad numérica en la medular junto a los interiores; Neymar y Suárez mantenían a raya a la línea defensiva rival y Messi  apareció en el medio para usar la figura del tercer hombre, atraer rivales e instalar a los suyos en campo rival. Con este nuevo molde el Barça pudo viajar junto al balón y gobernar el partido.