Messix

“Sé que tenéis miedo. Nos teméis a nosotros. Teméis el cambio. Yo no conozco el futuro. No he venido para deciros cómo acabará todo esto. Al contrario, he venido a deciros cómo va a comenzar. Voy a colgar el teléfono y luego voy a enseñarles a todos lo que vosotros no queréis que vean. Les enseñaré un mundo sin vosotros, sin Messix. Un mundo con reglas y con controles, con límites y fronteras. Un mundo donde no cualquier cosa sea posible. Lo que pase después, es una decisión que dejo en vuestras manos”.

Se levantó sudoroso, descolocado, anonadado por lo que acababa de soñar. Siempre aceptando lo que sus sentidos podían percibir, era incapaz de creer que lo que su mente había producido hubiese parecido tan real, tan material. Decidió asegurarse de que ya se había despertado y encendió el ordenador: “Excelso Barça”, “Sublime Luis Enrique”, “El Barça sigue mandando en Europa”… solo había sido una pesadilla, seguro. Sonó el timbre y un hombre de extraña apariencia, cuyo rostro le era familiar, se personificó: “Haremos una fiesta para celebrar el triplete, vente”. Por alguna extraña razón, él no decidió, pero su subconsciente lo hizo por él.

Todo era felicidad, todo perfecto, se había ganado Liga, Copa y Champions y el juego del equipo había sido muy vistoso. Una sombra se le acercó, en medio de la muchedumbre que festejaba el momento del club:Sabes que esto no es real, sé los miedos que recorren tu mente, déjame que te muestre la realidad. El temor de lo desconocido y el saber, pero sin saber, le impedían negarse o aceptar aquellas palabras. ¿Qué debía hacer?

Abrió la puerta de la casa y ahí estaba él, sentado, serio, seguro de sí mismo. Era Johan Cruyff. Él había instaurado una idea en el FC Barcelona, y era consciente que la que se postraba ante los ojos del muchacho no era lo que pretendía que creyéramos. Antes de siquiera presentarse, habló: “Sé quién eres. Has vivido estos últimos años creyendo una verdad, o mejor, aceptando aquello que tan felizmente se presentaba ante tus ojos. Estás seguro de que el Barça sigue por el buen camino y que los mejores momentos están por llegar… ¿o no es así? Claro que no. Sabes que algo falla, o al menos lo intuyes, pero eres incapaz de concretar el qué. En la ignorancia está la felicidad, pero tú no quieres ser un ignorante. Tienes dos opciones: tomar la pastilla azul, olvidarás todo, tus pesadillas se irán y seguirás feliz, hasta que quizá un día se muestre la verdad ante ti, o la roja, donde te enseñaré a qué nos lleva todo lo que estamos viviendo del club y haré desaparecer el espejismo que no te permite ver el desierto tal y como es”. Debía saber la verdad, por dolorosa que fuera.

Había llegado a un mundo extraño, donde todo parecían escombros de lo que una vez fuera un entorno entrañable. Una vez más, Johan habló y lo que dijo le cambió para siempre: “Lo que has vivido, estos últimos años de tu vida, no han sido reales. El club se ha mostrado ante ti como lo que no es, como un ente próspero con un proyecto deportivo perfecto, sin matices. Sabían lo que hacían, claro está. Lo que has visto hasta ahora no es más que una realidad momentánea y distorsionada, a la que comúnmente llamamos Messix. Él es el que nos ha hecho creer que todo iba bien, que había un modelo que funcionaba, un estilo. El equipo ganaba, lo hacía con cuatro genialidades suyas y todo iba bien. Se definían partidos con contragolpes, pero lo achacábamos en que si la oportunidad aparecía, no se podía desperdiciar, pero que el estilo seguía intacto. La posesión del balón se convertía en estéril, pero un pase que rompía dos líneas de Messi nos hacía olvidar los cuarenta anteriores en el centro del campo que de poco sirvieron. Pero el mundo real es todo lo que se esconde detrás de eso. Messix es un sistema instaurado a partir de un jugador para que no veamos la realidad que hay detrás de él. Es lo que se nos ha puesto delante de nuestros ojos para que no nos demos cuenta de la verdad” – “¿Qué verdad?”, preguntó – “La nada, la falta de una idea, de un estilo que se instauró 25 años atrás y del que ahora ya no quedan más que resquicios. Esa es la verdad”.

¿Cómo había estado tan ciego? Le costó aceptarlo, pero finalmente lo vio. El modelo había desaparecido junto con Iniesta, Piqué y Messi, pero este último es el que hacía vernos algo que no era. Había instalado su propia realidad, siempre inherente a su persona, en la que sus genialidades imperaban por encima de cualquier carencia de ideas. No supimos ver lo que teníamos delante, no discernimos entre ganar y jugar, mientras Messix nos encerraba en una burbuja que en cualquier momento iba a explotar.

Cruyff le había señalado como alguien especial, se lo había contado a él y debía hacérselo saber al mundo. El fútbol no podía seguir viviendo en la ignorancia. Tenía que mandar un mensaje, coger ese poder que el holandés le había dado y hacer algo que, aunque no gustara, era necesario. Era el momento de enseñar al barcelonismo la verdad y que los responsables de instaurar Messix decidieran qué senda tomar: Hay una gran diferencia entre conocer el camino y andar el camino. Yo puedo enseñaros la puerta, pero debéis ser vosotros los que la crucéis”.