Homeland: las dos caras de Fellaini

Me llamo Nicholas Brody y soy sargento del cuerpo de marines de Estados Unidos. Tengo esposa y dos hijos a los que adoro. Cuando estén viendo esto, habrán leído muchas cosas sobre mí, sobre lo que he hecho. Por eso quería explicarme… Para que supieran la verdad.”

Cuando Marouane Fellaini llegó a Manchester de la mano de su técnico David Moyes, todo el mundo le recibió entre vítores y aplausos. No era para menos. El sucesor de Sir Alex Ferguson le había elegido a él como estrella, y su llegada apareció en todos los medios. Una victoria para el Manchester United. Un activo valiosísimo para las próximas batallas. Pero poco a poco, con el paso de los días, algo parecía no encajar. Pasaban cosas extrañas y algunos terminaron dudando de que el jugador que aterrizó en Old Trafford no fuera lo que habían fichado.

Los primeros días desde su llegada, la paciencia y la ilusión fueron las protagonistas. Todo cambio importante necesita un periodo de adaptación, y el de Fellaini no iba a ser menos. Se juega al mismo deporte, están en la misma liga, pero Old Trafford tiene una atmósfera totalmente diferente al resto de campos y te exige jugar al mejor fútbol posible: el asociativo. Los red devils esperaban que el belga desplegara todo el potencial que apuntaba en Standard de Lieja y Everton, así que era muy importante manejar los tempos para que sacara lo mejor de sí mismo.

“Para mí, Marouane Fellaini ha sido uno de los mejores mediocentros de la Premier League durante las últimas temporadas. Si sigue mejorando en el United, tendremos un gran jugador entre manos” – David Moyes

Los directivos, los expertos, la gente,… Todos veían en Brody un perfecto candidato para dirigirlos. Había demostrado méritos suficientes y los tenía en su bolsillo. Sabían que su pasado era más bien físico, militar, pero su capacidad y su porte podían conjugar con un puesto en las altas esferas. Controlar al equipo y jugar al fútbol que pedía el Teatro de los Sueños: con criterio, con maestría, con calidad. Un juego más o menos vertical, pero con la elegancia necesaria. Ése era el Fellaini que todos querían ver. Aunque no el Fellaini que veían todos.

Mientras que el propio Brody intentaba convencer al mundo de su capacidad para liderar, los primeros escépticos veían motivos para sospechar. No podían demostrárselo a nadie porque sólo se le escapaban pequeños tics, gestos que nadie percibe si no los busca. Igual abría un balón a banda y se sumaba con demasiado ahínco a buscar el remate de cabeza. Alguna vez despejaba un balón que podría haber jugado en corto. De vez en cuando tomaba mal una decisión sencilla, sin siquiera tener oposición. Los radicales enseguida les tachaban de locos, pero los destellos estaban ahí. Algo no estaba yendo bien.

Conforme avanzaba su estancia en Manchester, los detalles fueron dejando paso a episodios difícilmente explicables, pero por suerte las consecuencias no le afectaban. Su falta de capacidad para organizar un centro del campo desde la posesión era cada vez más evidente, y el primero en caer fue el propio técnico que le trajo a la ciudad. Al ser David Moyes un cabeza de turco tan mediático, Fellaini pudo escurrir el bulto y mantener cierto estatus. Con el siguiente podría funcionar. Llegó Louis van Gaal, volvió a probarle en ese rol y tras un nuevo fracaso no había marcha atrás. El mundo descubrió quién era Marouane Fellaini y le tachó como si fuera un terrorista del fútbol. Un jugador de las antípodas de este deporte. Pero por suerte para él, eso no siempre era malo.

El belga se había destapado al mundo como el jugador que realmente era, y no el que querían que fuese. Su punto fuerte era el poderío físico, nadie lo dudaba. Pero la sorpresa vino cuando todos aquellos que no lo habían seguido en el Everton descubrieron que sus aciertos eran sólo en el campo contrario, no en el propio. Suele ocurrir que si te guías por los periódicos, veas jugones donde no los hay, y así sucedió en este caso. Fellaini no era un jugador que usara su físico para robar y después construir, sino para jugar fácil y entrar a rematar. En su mitad, perdía los balones. En la rival, los ganaba. Todo lo que le faltaba de posicionamiento en el centro del campo lo tenía para encontrar siempre el hueco para cabecear. Era el mejor representante del anti-fútbol. El que sólo se permitía en plazas como Old Trafford cuando vas perdiendo en los últimos minutos. Y por eso todos le repudiaron. Todos menos sus técnicos.

“Quiero dedicarle esta victoria a Marouane Fellaini. ¿Por qué? Porque lo merece. Se lo dedico porque en el último partido estuvo involucrado en la pérdida de dos puntos. Así que con esto quiero dejar claro que es un jugador importante para mí” – José Mourinho

Una vez las cartas se pusieron sobre la mesa, Brody llegó a un acuerdo con los jefes. Nadie podía reconocer abiertamente que se utilizara a un terrorista confeso en lo que mejor se le daba para su propio interés. El revuelo mediático que supondría sería considerable. Pero ambos sabían que sus concretas habilidades serían muy útiles si se usaban adecuadamente, y por eso decidieron que Fellaini sería un agente doble.

Tanto con Louis van Gaal como, especialmente, con José Mourinho, Marouane Fellaini ha contado con bastantes más minutos de los que la afición red podría haber esperado y el aire crítico ha ido descendiendo paulatinamente. Ya sea en el doble pivote o en una posición más adelantada, los técnicos del Manchester han seguido el pacto establecido y han ido confiando en el belga. ¿Y cuál era ese pacto? Muy sencillo. Como no podía ser de otra manera, Fellaini debería participar en las funciones del centro del campo creando juego y ayudando a sus compañeros. Pero lo que la afición no sabe es que ésta es sólo la tapadera que justifica su alineación. Mera apariencia de cara al espectador. Porque el verdadero propósito del belga cada vez que pisa el césped es jugar al anti-fútbol como sólo él sabe. Ser la referencia aérea de un equipo repleto de centímetros. Un juego que nadie quiere reconocer como suyo en las gradas del Teatro de los Sueños, pero que reciben con los brazos abiertos cuando desemboca en goles y ocasiones de gol.

Lejos de ser el recurso para los minutos finales, el ritmo de la Premier ha permitido que el Manchester United utilice al mejor Fellaini desde el pitido inicial en muchas ocasiones. Para el recuerdo queda ese derbi de Manchester frente a Guardiola, donde el belga, Pogba y Zlatan doblegaron desde el juego aéreo a sus vecinos en la segunda parte, aunque el resultado no acompañase. Aunque muchas veces no es tan importante el cuánto, sino el cuándo, y tener activos así en tu equipo suele ser fundamental en una competición. Porque nunca sabes cuándo necesitarás echar mano de un tipo así en un partido. Pero sí sabes que cuando el contexto te lo pide, lo querrás tener de tu lado.