Lo imposible

La noche empieza a caer en Barcelona, el teatro del Camp Nou está abarrotado y ansioso por que la función comience. El telón se abre y las estrellas salen a bailar bajo las luces. Con un ritmo parsimonioso inician los actores del Barça la que será una noche memorable y única en la historia de la UEFA Champions League. Los astros se alinean, la hinchada ruge y el monstruo de París se convierte en un niño miedoso, acomplejado y superado por la situación. Lo que ocurrirá después será algo inolvidable, un milagro futbolístico proveniente de una fe inquebrantable. Un huracán devastador que arrasó la pizarra de Unai Emery.

“El PSG planteó un partido ultradefensivo y nos hemos aprovechado de ello”, Andrés Iniesta.

El conjunto de Luis Enrique es fiel a su estilo y evita caer en la precipitación. Mientras Edison Cavani defiende en la frontal de su área, Sergio Busquets vive cerca del balcón, moviendo los hilos. Detrás suya Javier Mascherano, Gerard Piqué y Samuel Umtiti evitan cualquier desplante al guión culé. El Barça solo se preocupa de atacar. Neymar y Rafinha juegan junto a los primeros aficionados de las tribunas, para hacerle el campo enorme al PSG. Andrés Iniesta e Iván Rakitic actúan como fieles escuderos de Leo Messi en el juego interior. Y Luis Suárez no para de moverse e inquietar a toda la zaga parisina.

Siendo dueños por completo del campo y del balón, al Barça aún le queda la parte más difícil del plan: perforar una y otra vez la portería del alemán Trapp. Pero tantas veces le ha puesto la camiseta azulgrana a la pelota y tan bien la ha tratado siempre, que todos entendimos que anoche ésta solo deseara besar y acariciar las redes en su favor. Y cuando más complicado se puso todo, fue cuando más aliada se mostró. El PSG salió del vestuario con la intención de sacarse los complejos y replicar, y lo hizo. Sin embargo, impulsados por la personalidad de un Neymar brillante el Barça consiguió lo imposible.

“No les critiquen mucho, porque les volverán a quitar la razón”, Pep Guardiola tras la debacle de París.

Si hace unos años en Stamford Bridge el héroe de la noche fue Iniesta, esta vez sería Sergi Roberto el que se coronaría. La mezquindad no se pudo pagar, pero el riesgo y la valentía que tuvo el Barça sí. Al final todo (no solo el resultado, sino también las opiniones) se iba a decidir en una jugada, con Ter Stegen recibiendo una falta en campo rival y Neymar poniendo un caramelo en el área que todo el Camp Nou empujó adentro, para que el barcelonismo fuera un puño apretando gritando por el Barça. La locura se desató y todos los amantes de este deporte lo celebraron. El telón se volvía a echar, el Barça alzó la gloria con una gesta perdurará de forma eterna.