El cruyffista de Apeldoorn

Edwin van der Sar lo avisó pocos días antes de conocerse el nombramiento de quien debía reemplazar a Frank de Boer en el banquillo amsterdammer. “Nuestro próximo entrenador no tiene por qué haber pasado por el Ajax siempre que siga nuestra filosofía”, avanzaba el Director de Marketing del Ajax. Una filosofía conocida mundialmente con orígenes en los tardíos 60, basada en el fútbol de ataque a través del dominio al rival y que Frank había conseguido con un éxito decreciente en sus cinco años y medio como técnico. Cuatro ligas en sus primeras tres campañas y media, con decepciones en torneos de eliminatorias y que vio como se le escapaban las dos últimas ligas de manera dolorosa. El proyecto por tanto necesitaba un nuevo líder. Y, como dijo Edwin, el sustituto no habría pasado nunca por la casa de Johan Cruyff.

De hecho, se designó a un ex-jugador del Feyenoord, máximo rival histórico, como capataz. Porque Peter Bosz (Apeldoorn, 1963) llegó a ganar una liga y tres copas con el club de Rotterdam a principios de los 90. Sin embargo, hasta llegar a ser uno de los centrocampistas titulares del conjunto dirigido por Willem van Hanegem, su carrera sufrió circunstancias adversas. Nació y se crió en la provincia Güeldres (Gelderland), empezando a jugar en los equipos de su ciudad (OBV y Apeldoornse Boys), hasta que el club de la capital de la región, el Vitesse de Arnhem se lo llevó a su cantera.

En su carrera como jugador, Bosz no pasó por el Ajax. Es más: fue campeón con el máximo rival de los capitalinos.

De gualdinegro llegó a debutar en Eredivisie en 1981 siendo, como él mismo se define, un mediocentro “destructor”. Pasados tres años, un conflicto de cláusulas con el club, le impidió ser profesional en la campaña 84/85, volviendo a jugar en una liga amateur con el AGOOVV. Solucionado el conflicto (tuvo que pagar su ficha de su bolsillo y gracias al dinero prestado por familiares y amigos), volvió al primer plano fichando por el RKC Waalwijk, donde ascendería en su última campaña en el equipo católico. Además de un contrato en la Primera francesa , Rinus Michels, el seleccionador, le convocó por primera vez, aunque no llegaría a debutar con la Oranje hasta 1991.

Para el año de su debut internacional, Bosz estaba a punto de hacer las maletas para salir corriendo del SC Toulon francés, club con problemas financieros que tenía a la Hacienda francesa acechando. Llegó a Rotterdam donde Bosz se hizo múltiple campeón dirigido por van Hanegem e internacional (8 partidos, entre ellos unos minutos en la Eurocopa de 1992 ante Alemania). Acabaría su carrera con una doble aventura en Japón (JEF United, 96/97 y 1999), otra en Alemania (Hansa Rostock, 1998) y jugando la 98/99 por última vez en su país, en las filas del NAC de Breda.

Sin embargo, Peter Bosz tenía un plan de futuro desde hacía tiempo. “Desde los 16 años sabía que iba a ser entrenador por lo que me preparé apuntando lo que hacían mis entrenadores”. Estando en el Feyenoord, viajaba en coche para seguir los entrenamientos de Louis van Gaal al frente del Ajax (en Holanda siempre ha sido normal que fueran a puerta abierta las sesiones). No solo eso, junto a diversos amigos fue completando un libro-hemeroteca sobre todo lo que salía en prensa de su “único” ídolo: Johan Cruyff. “Leí mucho sobre Johan. Cada artículo, todas sus entrevistas las teníamos recopiladas y organizadas: esto es para atacar, esto sobre cómo defender, esto es táctica…”.

“Los jugadores inteligentes anticipan, los jugadores no inteligentes reaccionan”, Peter Bosz.

A pesar de haber sido un mediocampista “destroyer”, Bosz había bebido directamente (van Hanegem, Michels) e indirectamente (Cruyff o van Gaal) de fuentes muy vinculadas al totaalvoetbal. Era incoherente que plasmara en sus equipos otro copyright. “Me gustan los resultados, pero realmente quiero ser capaz de entretener. Quiero que los aficionados en el estadio chillen ooh y aah muchas veces. Espectáculo, velocidad. Cuando veo a mi equipo solo defendiendo y destruyendo como yo hacía, no disfruto”.

No tardó en ponerlo en práctica, pues empezó a entrenar el mismo 1999. Primero como entrenador del equipo amateur que le rescató del ostracismo cuando se quedó sin ficha, el AGOOVV de su localidad natal. Consiguió ser el mejor equipo de su división (Hoofdklasse, la 5ª división neerlandesa) en la 01/02 y el güeldrés se ganó una oportunidad en un equipo de Eredivisie de su provincia. Sin embargo, su primer contacto con el máximo nivel fue pobre en cuanto a resultados y el De Graafschap (el equipo que le impidió ser campeón al último Ajax de Frank de Boer) descendió. Tras un año formándose y sin equipo, Bosz se hizo cargo del Heracles Almelo con quien, en su primer año, ascendió como campeón a Eredivisie, para después asombrar con su propuesta ultraofensiva y empates ante AZ, Ajax o PSV que le sirvieron para rubricar la permanencia (13º).

Reclamado por el club que le dio fama, Bosz hizo un parón en su travesía como míster para ser el director deportivo del Feyenoord desde 2006. Entonces, los roterdameses tenían problemas económicos, llevaban muchos años sin títulos y la federación neerlandesa tuvo que intervenir. Con la llegada de Gortjan Verbeek como técnico y los fichajes de viejos mitos como Roy Makaay o Gio van Bronckhorst consiguen una copa dos años después. La salida poco después de Verbeek, llevó a Bosz a seguir su camino. Sus camino seguirían ligados pues Bosz ocuparía en 2010 el puesto de Verbeek, de nuevo en el Heracles. Su segunda experiencia en Almelo fue incluso mejor (8º, 12º y 12º), pues llegó a ser finalista de Copa en 2012, perdiéndola ante el PSV, con un equipo que coqueteaba con el 3-4-3 y que no entendía el juego sin atacar.

Bosz fue entrenado por Rinus Michels o van Hanegem, a la par que estudió a van Gaal y, sobre todo, a Cruyff.

En 2013, Bosz se haría cargo del Vitesse Arnhem. El equipo que le terminó de formar. Allí coincidiría con Bertrand Traoré y la innumerable lista de futbolistas cedidos por el Chelsea (Lucas Piazón, Gael Kakuta, el propio Traoré…). En el Gelderome llegó a ser líder en su primera temporada, a jugar rondas previas de Europa League, a hacer debutar a su hijo menor, Gino, y a firmar goleadas históricas como el 2-6 al PSV en el Philips Stadium. Además, en colaboración con el club, reavivó la Vitesse Football Academy para que las categorías tuvieran una filosofía y un modelo de juego, basado en el ataque a través del dominio del esférico, comunes.

Sin embargo, en invierno de 2015 recibió una llamada que no podía desoír. El hijo de su ídolo, Jordi Cruyff, le llamaba como director deportivo del Maccabi Tel Aviv para que sustituyese a Slavisa Jokanovic para el último semestre del curso. Bosz se atrevió allá donde habían estado antes Pako Ayestarán, Óscar García Junyent o Paulo Sousa, dejó a su hijo mayor como miembro de los analistas del Vitesse y buscó domicilio en Israel. Sin suerte en cuanto a títulos, su hoja de ruta resultó impoluta pues no perdió ninguno de los 19 partidos ligueros -aunque no ganaría el decisivo ante el Hapoel Beer Sheva, a la postre campeón-, mientras que en Copa solo cayó en la final, por la mínima, ante el Maccabi Haifa.

Sin duda, los Cruyff fueron importantes para que el Ajax pensase en un técnico que, sobre todo, asegura goles. En sus más de 400 partidos como entrenador se han marcado más de 1340 goles (740 a favor, 601 en contra). Una media de más de tres por partido. Además, el 45.3% de esos duelos acabaron en victoria (183). Bosz aterrizó a finales del mayo pasado en la capital, firmó por tres años junto a su segundo Hendrie Krüzen y empezó a imaginar desde el Sportpark De Toekomst cómo conseguiría dar forma a lo que tenía en mente.

Los equipos de Peter Bosz han marcado más de 700 goles en poco más de 400 encuentros.

Como siempre y antes que una capacidad física para las presiones altas o una depurada técnica para los circuitos de pases y salidas de balón desde atrás, necesitaría de mucha inteligencia sobre la grama. “Los jugadores inteligentes anticipan, los jugadores no inteligentes reaccionan. Siempre. Si tú piensas rápido, eres más rápido en el campo. Si tú reaccionas, siempre llegas muy tarde. Hay que saber lo que va a suceder, no lo que acaba de ocurrir”.

Al Ajax, por cultura y por ideología, se le exige que practique un fútbol de toque, hermoso a la vista, con múltiples combinaciones de camino a portería. Sin embargo, para ello, Bosz pide concentración. Concentración porque para él todo empieza cuando su equipo no tiene el balón. “Presión alta y búsqueda del balón de manera agresiva por parte de todos los jugadores. Tienes que vigilar qué jugadores empujan y quiénes se hunden o pierden concentración en su marca. Luego jugar un fútbol atractivo y dominante es el segundo paso, pero después de dominar el paso uno. Casi todos los jugadores del Ajax pueden hacer multitud de cosas con el balón, pero la cuestión es que la mayor parte del tiempo uno no tiene el balón”.

Bosz es un amante de Cruyff, del 4-3-3 ofensivo (un pivote y dos interiores), del fútbol total, pero también del Barcelona de Pep Guardiola y de su presión tras pérdida. “No somos el Barcelona, así que a su regla de tres segundos (de presionar tras pérdida), nosotros le añadimos otros dos. Estos primeros cinco segundos después de perder la pelota son el mejor momento para recuperarla de nuevo. El oponente necesita más o menos cinco segundos para llegar a las posiciones correctas. Por eso buscamos recuperar de inmediato”.

Claves del Ajax finalista

Con la final de Estocolmo en el horizonte, Peter Bosz sigue perfeccionando su idea. Mejorando un equipo repleto de juventud que se ha presentado en una final europea 21 años después con alineaciones en las que es raro encontrar jugadores de más de 25 años (Schone y Viergever son los únicos habituales). No es un equipo redondo, ni perfecto (¿acaso alguno lo es?), pero los resultados han sido bastante positivos. Sobre todo desde el parón invernal (la mitad de empates y derrotas en la segunda vuelta respecto la primera). Además, ese mal inicio coincidió con la racha incontestable del Feyenoord (diez victorias en los diez primeros partidos), vencedor del campeonato tras varios años de sequía, a pesar de no haber vencido al cuadro de Bosz en ninguno de los partidos.

Gane o pierda ante Mourinho, Peter Bosz ya ha conseguido su objetivo de llenar de oohs y aahs los duelos de sus chicos. Más allá del subcampeonato en liga, de que fuese eliminado en copa con su hijo menor en el banquillo rival o lo de que ocurra en el Friends Arena de Solna, el primer año del güeldrés de 53 años y que nación a unos cien quilómetros al sudoeste de Ámsterdam habrá servido para disfrutar de los debutantes Kluivert, de Ligt, Onana, Nouri o Dolberg, de la evolución de jugadores como Schöne, Ziyech o Younes y, sobre todo, para certificar y asegurar que de aquel mediocentro “destroyer” que levantaba títulos con el eterno rival no quedan ni los rizos.

Foto de portada: Maja Hitij - Bongarts