Didier Deschamps y el papel del seleccionador

La labor de un seleccionador nacional no tiene nada que ver con la de un técnico de clubes. El factor del tiempo es determinante para su labor de hacer un equipo que sea reconocible y, a la vez, superior al de sus rivales. Ni tiene el mismo tiempo para preparar un torneo, no digamos ya una de las llamadas “fechas FIFA”, ni tampoco tiene la misma continuidad para formar un grupo de pocos jugadores que se conozcan y su unidad sea reconocible. Desde esta realidad, se entiende que jugadores que quizás no han tenido un gran año, mantengan su puesto no solo en una convocatoria, sino en un once titular nacional. Un nuevo ejemplo se vivió en el Friends Arena de Solna cuando Didier Deschamps eligió alinear a los subcampeones europeos el año pasado Dimitri Payet y Moussa Sissoko, de irregular temporada, en vez de tipos en mejor forma como Ousmane Dembélé, Kylian Mbappé o Thomas Lemar. Estos tres nombrados vieron desde el banquillo como Suecia empataba rápido el buen gol de Giroud y cómo Emil Forsberg (RB Leipzig) sigue creciendo como gran jugador interior, que desde la banda izquierda concentra las jugadas más desarrolladas de los blagult.

No se va a justificar la derrota gala en Suecia por este factor, pues, más allá de un juego a menudo espeso y lento por parte de un centro del campo formado por Matuidi y Pogba en el doble pivote con Griezmann en la media punta,la derrota se explica a partir del craso error de Hugo Lloris en el descuento, regalando fuera de posición un balón para que Ola Toivonen -la torre a la que dirigía el equipo de Jan Andersson todo su juego directo, que fue mucho- marcase un gol desde su propio campo. Se convirtió en derrota un partido que iba hacia el empate, insulso hasta la entrada de Mbappé y, sobre todo, Lemar. El zurdo del Monaco dinamizó los ataques franceses desde la misma posición que ocupó previamente Payet. Porque si su función era la misma (centrar su posición, pues los ataques galos progresaban por la derecha para que fuese Mendy en la izquierda quien tuviera espacio para hacer el 1vs1 contra Lustig o Durmaz), la ejecución de los últimos minutos permitió pisar más veces el área de un Robin Olsen que apenas tuvo trabajo.

No se trata de que en cada convocatoria lleguen los 23 que mejor están jugando en sus equipos, revolucionando cada llamada, pero sí de facilitar la idea de juego que tiene el seleccionador. Pues con mejores jugadores que están en un momento más dulce, es más fácil que se note menos la ausencia del tiempo de cocción propio de un combinado nacional.

Foto de portada: Nils Petter Nilsson - Ombrello - Getty Images