Marco contra Marcelino

Real Madrid y Valencia regalaron ayer noventa minutos de los que demuestran el sobresaliente nivel de la Liga español a fecha de hoy. El cuadro de Zidane se dejó dos puntos en casa y, aunque la explicación fácil podría buscarse en la falta de atino, lo cierto es que los valencianistas tuvieron gran parte de culpa, motivados en especial por el buen hacer de su técnico.

El Real se presentó al partido con la baja de su pareja de centrales titular, además de la ya conocida de Cristiano Ronaldo. Zinedine optó por recolocar a Casemiro junto a Nacho para solventar la papeleta, seguramente condicionado por la necesidad de bregar contra un púgil como Simone Zaza. Los precedentes de la inclusión del brasileño en la línea de atrás no eran demasiado favorables pero visto el contexto el razonamiento pareció tener sentido. El puesto de mediocentro fue para Toni Kroos, algo que hace dos años no habría tenido mucha discusión, pero que tras la consolidación del triángulo Casemiro-Toni-Luka primero y la suma de Isco como mediapunta después –y los automatismos que esto genera– supuso algún déficit para los suyos. La vuelta del alemán al vértice inferior conllevó una cadena de variaciones, retomando el equipo el 4-3-3 con Isco como interior izquierdo y Asensio acompañando a Karim y Bale en la línea de ataque.

Los cambios de posición de Kroos e Isco modificaron parte del funcionamiento que tan bien estaba aprovechando Zidane.

El Valencia por su parte se organizó bajo el clásico 4-4-2 de Marcelino, con sus dos líneas traseras muy juntas, dos extremos de carácter asociativo –Gaya y Soler– y una doble punta formada por Rodrigo y Zaza. Pero sin duda la figura sobre la que se edificó su gran actuación de ayer fue la de Kondogbia en el centro del campo. El nuevo fichaje valenciano estuvo excelso en todas las fases del partido. Sin balón fue la sombra de Isco y con él su clarividencia y unión con Parejo parecen vislumbrar un futuro prometedor.

Se puede decir que el choque fue un partido de fases. El inicio fue blanco en dominio y los de Zidane intentaron repetir la lección tan bien aprendida en este comienzo de curso. Sin embargo, el movimiento de piezas se notó y al Madrid le costó asentarse en campo rival. Con Kroos iniciando el juego un escalón más atrás y sin el faro que supone Isco como mediapunta para subir la posesión blanca al equipo le costó controlar el partido como acostumbra pero de nuevo, en la primera oportunidad que tuvo, Marco Asensio cercioró que lo suyo es más que serio. En un Madrid plagado de centrocampistas y hasta delanteros asociativos, el veneno que Marco imprime en todas sus acciones es una bomba de oxígeno. Siempre mira a portería y ha conseguido generar un miedo cada vez que se acerca a la frontal que está al alcance de muy pocos a día de hoy. Los blancos ya campaban con ventaja en el marcador pero la presión de los de Marcelino sobre la salida blanca y la persecución de Kondogbia sobre el malagueño consiguieron cortar el ritmo. El Valencia empezó a juntarse gracias a Parejo y Soler, y la ausencia del robo de Casemiro en su zona de máquinas facilitó el dar continuidad a sus posesiones. En uno de sus varios acercamientos llegó el empate del canterano y con él un pasito atrás de los visitantes que se acrecentaría tras el descanso con la entrada de Kovacic.

Kondogbia fue el pilar sobre el que se sujetó el Valencia, tanto con balón como sin él.

Motivado por el cambio en el posicionamiento de sus jugadores Zidane intentó devolver un poco la normalidad y facilitar la tarea a los suyos. Mateo pasó al mediocentro y el resto de piezas se organizaron en torno a él. Kroos volvió a su zona, subió unos metros y con ellos la posesión blanca, y el Valencia no tuvo otra que recular. Asensio, a su vez, comenzó a gozar de mayor libertad y a moverse por todo el ancho del campo. Partía de izquierda pero no era raro verle intercambiar posición con Bale o aparecer por dentro en ausencia de Isco. El ritmo de partido se incrementó y el Valencia empezó a defender en su área pero ni Murillo ni Vezo estuvieron demasiado contundentes. Como colectivo funcionó bien aunque la actuación de sus centrales frente a Benzema fue flojita. Karim las tuvo de todos los colores para hacer el 2-1 pero lo brillante que estuvo moviéndose fuera del área contrastó con lo desacertado que se mostró en todos sus remates. Sin Cristiano Ronaldo el Madrid tiene una clara falta de gol y si en días como hoy sus delanteros no aprovechan sus oportunidades –Benzema– o incluso no las generan –Bale– reflejar en el marcador el dominio que le otorga su centro del campo se convierte en tarea complicada.

Y en estos contextos los equipos de Marcelino se sienten especialmente cómodos. Zaza y Rodrigo empezaron a permutar y el rédito fue inmediato. El ex canterano madridista pasó a emparejarse con Casemiro, cayendo a banda e intentando sacarlo de zona para ganarle por velocidad. Por su parte Simone aprovechó su superioridad física para ganar todo duelo contra Nacho y dejar de cara a llegadas desde segunda línea. Y precisamente así fue como el Valencia remontó el choque. Kondogbia puso la guinda a su partido y a partir a lo que se asistió fue a la colosal actuación de Asensio. Con un Bale completamente inofensivo y la salida del Isco del campo Marco tomó los galones que a otros les queman y empezó a pedirlas todas. Fue un puñal por banda frente a Montoya, rajó por dentro al doble pivote y sembró el pánico cada vez que levantaba la cabeza para mirar a Neto. Empató el encuentro con un golpeo de pelota que ya es marca de la casa y las sensaciones fueron que las opciones de victoria pasaban todas por su pierna izquierda. El Madrid se volcó contra la portería valencianista y el duelo se tornó en un ida y vuelta. Los de la capital del Turia también pudieron cobrarse la cuenta final pero Casemiro, que había sufrido en la primera parte, estuvo imperial defendiendo a campo abierto.

Lo que transmite a día de hoy Marco Asensio sobre el césped está al nivel de muy pocos futbolistas en el mundo.

El empate, quizá por momentos, pudo saber a poco para ambos pero para el espectador fue un choque divertidísimo de ver. Ayer en el Bernabéu Marcelino García Toral volvió a decir alto y claro que hay pocos entrenadores españoles como él. Solo lleva unos meses en el cargo pero el lavado de cara a los suyos es innegable. Mimbres hay para que esta temporada el nombre de su equipo esté en el escaparate. Pero el que está ya ahí siendo foco de todo es un mallorquín de 21 años con un mazo en la pierna izquierda. El chico es autosuficiencia pura. No necesita nada para decidir partidos y ya lo está haciendo en todo un Real Madrid. La dimensión de lo que podía llegar a ser hasta hace poco era aún difícil de saber pero Marco ya está demostrando que lo suyo va muy en serio. Porque Asensio ha dejado de ser un proyecto. Ya es una realidad.

Imagen – Curto de la Torre / AFP / Getty Images.