Tranquilidad, certidumbre y tiempo

Volvía el Barcelona a la máxima competición europea justo en el escenario y ante el rival de su último envite europeo. Parece que han pasado pocos meses desde aquel 19 de abril en el que los pupilos de Luis Enrique no pasaron del 0-0, pero en el fútbol todo ocurre demasiado deprisa. Bonucci y Neymar ya no están, Valverde se sienta en el banquillo azulgrana y ambos equipos se han reforzado aunque, tras el cierre del mercado, parece que ambos no han mejorado tanto su plantilla como deberían.

Sin embargo, en un entorno tan variable, en el que las realidades se superponen unas detrás de otras sin casi tiempo de análisis, y pocas certezas tienen tantos testimonios a los que acudir como Lionel Messi en la Champions League. Es cierto que en las últimas dos campañas, en el momento de la verdad, en las eliminatorias, donde para muchos comienza la verdadera competición, la figura ha sido un portugués que juega en el rival y no el rosarino. Mas no es menos cierto que si a Messi se le ha sabe encontrar un entorno apropiado, se hace dueño del ecosistema sí o también.

Lionel Messi: 8 goles y 5 balones al palo en 6 partidos en la era Valverde

Y esto parece que está ocurriendo con la llegada de Ernesto Valverde. El Txingurri le volvió a situar de falso 9, escoltado por Luis Suárez (haciendo de falso extremo izquierdo) y Dembélé (primera titularidad). Por detrás del nuevo tridente, el que parece el once tipo. En verdad, son los mismos que jugaban en la 16/17 salvo por la presencia de un acertado y aguerrido Nélson Semedo en el lateral derecho. No obstante, el cambio existe. Apenas perceptible en los nombres, más sonoro en el modo. Este Barcelona está girando de nuevo hacia los centrocampistas, entre los que habría que contar al 10 argentino, provocando que aquellos que ayer sufrían (Iniesta y Busquets) o permanecían en la sombra (Rakitic), gocen en la grama.

En verdad el encuentro que abrió el grupo no fue demasiado brillante en cuanto a calidad, sí en cuanto a actitud. Propio de septiembre y de fase de grupos, de equipos aún en proceso de construcción. Más allá de Messi y del trabajo que tienen Allegri y Valverde por delante, el 3-0 dejó ver ciertos detalles, como el interesante debut de Rodrigo Bentancur, la transformación del 4-3-3 culé en diferentes sistemas según la altura y quien tenga la pelota y, ante todo, un concepto en común en ambas escuadras: la infrautilización predeterminada de una banda en ataque. La izquierda en el Barcelona (la de Luisito) cediendo todo el espacio a Jordi Alba; la derecha en la Juventus (Dybala fue enganche y el debutante Bentancur es más centrocampista que extremo) potenciando a De Sciglio, muy destacado hasta su lesión.

Como era el Barcelona quien más atacaba en posicional (66% de posesión), siendo la Juventus quien explotaba los espacios, esto era un problema mayor para los locales. Primero porque los italianos empezaron cerrando bien, segundo porque Luis Suárez aún se encuentra en fase de readaptación tras la lesión y Dembélé, de adaptación a secas, y tercero, y más importante, porque los de Valverde aún no están listos para someter del todo a un equipo del nivel de la Juventus.

Sin embargo, como se volvió a demostrar otra noche de Champions, a Messi solo le hace falta que le devuelvan una pared. Mientras el director de orquesta afina a los músicos en un auditorio lleno de goteras, Lio, cual Rey Mago de Oriente, les regala lo que cualquier nuevo plan necesita: tranquilidad, certidumbre y tiempo.

Foto de portada: Josep Lago | AFP | Getty Images