Míchel no encuentra la solución

El Valencia volvió a ganar con suma contundencia y a demostrar la revitalización de su proyecto gracias a la identidad implantada por Marcelino. El avance con paso firme hacia los puestos que, tradicionalmente, han pertenecido a los de Mestalla, contrastó de forma abismal con las aspiraciones de un Málaga que pasa por una crisis de resultados latente. Míchel sigue sin descifrar la manera de sostener un bloque que posiblemente haya encontrado algo de luz en la parcela ofensiva, pero que ni mucho menos, un aterrador 5-0 lo confirma, ha conseguido armar una línea defensiva de garantías o equilibrada para competir en nuestra Liga.

La primera parte estuvo muy equilibrada gracias a Rolan.

El Málaga no comenzó ni mucho menos en una posición de inferioridad en el encuentro. Rolan fue el principal artífice de los problemas provocados sobre la pareja de Murillo y Gabriel Paulista, ayer formaron el eje valencianista. El delantero uruguayo se ve claramente potenciado por el juego de Míchel, mostró su gran capacidad de movilidad, llegando incluso hasta el centro del campo a recibir cuando la superioridad del Valencia en esas zonas era latente. Los espacios provocados por Diego, favorecían las interacciones entre el centro del campo, mezclando el juego de forma más que aceptable, y las internadas de Jony o Mula a la espalda de los defensores, creando bastante peligro.

El Valencia dominó tras el movimiento de Parejo y su gran lectura.

Los de Marcelino supieron leerlo y reajustaron haciéndose finalmente con el encuentro. No fue hasta el brillante movimiento de Parejo, situándose cerca de los centrales corrigiendo sus constantes salidas al corte, cuando el Valencia tomó el control. Kondogbía ejercía esa primera barrera de robo, realizando múltiples recuperaciones y reactivando de manera segura cediendo rápidamente el balón a Parejo o a Murillo, como intermediario antes que el español, para ejercer peligro en transiciones. Soler redondeo la participación sobresaliente de la medular, interpretó los espacios ocupando el carril central cuando Parejo quedaba replegado y el exterior cuando el mismo se proyectaba hacia el balcón del área.

La defensa malaguista terminó por propiciar el contexto perfecto para la goleada.

En el segundo tiempo Marcelino aplastó las últimas posibilidades del Málaga para entrar en el partido cuando se produjo la magistral redirección de la presión che. El bloque subió la altura y acentuó la desastrosa línea defensiva rival. La falta de calidad técnica, ni Kuzmanovic entre centrales pudo remediarlo, propiciaba la recuperación adelantada del Valencia, y los continuos duelos perdidos, individuales o colectivos, entre atacantes y defensores venían secundados por goles u ocasiones de peligro. Zaza, Rodrigo y Santi Mina se encontraron con una oportunidad única para golear. La falta de contundencia y lectura defensiva de Cifuentes, Luis Hernández, Diego o Ricca fueron el principal quebradero de cabeza de un Michel que sigue sin cosechar punto alguno y deja un estado de crisis consecuente en La Rosaleda.