Nacho es bueno

Hay buenos médicos, buenos profesores, buenos fontaneros y también, por supuesto, buenos futbolistas. Nacho Fernández es uno de ellos, y lo es en casi todos los aspectos que puedas imaginar. En los futbolisticos y en los no futbolísticos. Uno ve a Nacho y se imagina un buen padre, un buen marido, un buen hijo o un buen yerno, y también un buen futbolista, tanto dentro como fuera del campo. Cuando se viste con el ‘6’ a la espalda es (muy) bueno como central: rápido, buena anticipación, excelente en las coberturas, intenso, aguerrido, con buena salida de balón y un sinfín de aptitudes que hacen del defensa un jugador imprescindible para campeón de la Champions. Pero cuando se quita la zamarra blanca sus prestaciones siguen siendo altas; un ejemplo a seguir para cualquier canterano, para cualquier compañero, para cualquier titular y también para cualquier suplente. El marido que todas las madres querrían para sus hijas. El jugador que querría tener cualquier entrenador.

Nacho es un tipo muy fiable.

El canterano se ha hecho un hueco en la historia del Madrid y en los corazones de los madridistas, y no solo por encarnar a la perfección los valores del deporte y del Madrid, sino también porque tiene una mezcla perfecta entre actitud, aptitud y rendimiento. Lo primero es innegociable para él, lo segundo viene de fábrica y se ha ido puliendo con lo primero, y lo tercero, el rendimiento, es la suma de todo lo anterior. El “Nacho siempre cumple” hace ya tiempo que se le quedó muy corto, porque no solo cumple, también brilla, y lo hace con la regularidad y fiabilidad con la que cumplía, haciendo parecer que brillar es tarea fácil, pero no lo es, mucho menos en el Real Madrid.

Nacho juega cuando le toca, y rinde, sea ante el Albacete o el Bayern de Múnich, agosto o febrero.

Si Daenerys es rompedora de cadenas (entre otras muchas cosas), Nacho es rompedor de mitos (entre otras muchas cosas), porque para él nunca hay excusas. El canterano ha sido durante los últimos años el último central, el último lateral derecho y el último lateral izquierdo. Pese a ello, siempre siempre siempre que Nacho ha saltado al campo ha rendido, y lo ha hecho con el valor añadido de que al ser la última opción era prácticamente imposible tener ritmo de competición, pues entre una titularidad y otra podían pasar semanas e incluso meses. Si para el central merengue no existe el hándicap “ritmo de competición”, tampoco lo hace el estar en pretemporada, porque cuando en agosto las piernas pesan para los demás él está en febrero, competitiva y físicamente hablando. Y para muestra de todo esto, como diría Abel Rojas, un botón: en agosto, y tras 17 días sin competir (desde el último amistoso, pues en la Supercopas no jugó) es uno de los mejores en la victoria ante el Depor en la primera jornada de Liga, en un partido en el que Carvajal y Ramos cometieron muchos errores y en el que Nacho volvió a dejar claro que es bueno, muy bueno.