004, Licencia para Ganar

Admiro su valor, señorita… señorita…
Trench, Silvia Trench, señor. Y yo admiro su suerte, señor…
Bond, James Bond
.”

Existe una serie de jugadores que desprenden un brillo único en sus miradas. Jugadores que trascienden las dinámicas de los partidos y los estados de forma individuales. Que no entienden de imposibles ni de quimeras. Que no faltan a su cita con la grandeza. Un selecto grupo de nombres que han llevado su influencia sobre el terreno de juego a otra dimensión y que serán recordados por ello con el paso de los años.

Sergio Ramos salta al césped del Santiago Bernabéu con una misión: que su equipo nunca se sienta inferior al rival. Sea quien sea el rival, más allá del evidente objetivo de ganar, su cruzada particular es la que él puede asegurar. La que depende de sí mismo. Recordarle a sus rivales que, aunque hayan marcado, aunque estén por encima en la clasificación, el Real Madrid es el equipo más grande que hay sobre el terreno de juego. Y eso conlleva una serie de circunstancias que ha ido comprendiendo y desarrollando con el paso de los años.

Todos tenemos un hobby. ¿Cuál es el tuyo?   – Resucitar.”

Tanto el fútbol como el mundo han cambiado bastante en estos últimos años. En sus inicios, la habilidad en el cuerpo a cuerpo y el carácter eran diferenciales para superar los desafíos que aparecían. Sin embargo, ahora los enemigos cuentan con potentes estructuras tecnológicas con las que tratan de dominar el mundo. Los mayores activos de estas organizaciones ya no son los matones, lo son los servidores. Y Bond debía adaptarse o morir. Con cada cambio, él recibía nuevas armas que utilizar. Con cada avance, él debía aprender más. De no ser así, cada bajón físico lo notaría más que el anterior. Aunque siempre terminara recuperando su forma para el momento clave.

Pero, para su fortuna, él no era el único que trataba de adaptarse a esta nueva realidad. El MI6, la organización que tanto ha apostado por él, supo ver a tiempo este nuevo tablero en el que se moverían las piezas y decidió arriesgar para conseguir un equipo tecnológico puntero con el que volver a triunfar. Mientras Sergio Ramos crecía en sus capacidades como defensa central, sus dirigentes consiguieron reclutar a Toni Kroos, Luka Modric e Isco Alarcón. Un centro del campo sobradamente inteligente como para descifrar la táctica rival más sofisticada e imponerse. Si a estos tres genios les sumamos a Dani Carvajal y Marcelo en los laterales, el dominio está garantizado. Por no hablar de Casemiro, Raphael Varane o Karim Benzema.

Bond contaba con una organización que era capaz de suplirle en esos momentos de adaptación y flaqueza para que él llegara bien a las grandes citas. Darle tiempo en sus tropiezos para recuperarse. Enseñarle los fallos que tenía para que los puliera. Porque saben que en los días clave él marca la diferencia. Bond nunca falla a la hora de la verdad. Aunque ya haya caído en sus anteriores enfrentamientos, la magia de la escena final no reside en ver si va a ganar, sino en cómo lo hará. Y haberlo hecho a lo grande ha agigantado su figura.

“Es un orgullo y una responsabilidad tremenda. Al llevar el brazalete debes de ser ejemplo tanto fuera como dentro del campo. Mantener una línea que esté a la altura de la historia del club, del escudo y de la camisa que representas.”

Los éxitos de James son los que crean su leyenda. La cantidad, la calidad y, sobre todo, la versatilidad de los mismos. Se ha tenido que enfrentar a enemigos de todo tipo, organizaciones más y menos numerosas, con múltiples circunstancias en su contra. Y siempre termina consiguiendo su propósito. Todo ello sienta un precedente en sus futuros rivales que no tiene por qué marcar la diferencia. Pero lo hace. Porque él se encarga de hacerlo notar.

Cada pase y cada control de Sergio Ramos los hace con una confianza y una grandeza que no pasa desapercibido. Es consciente del status que ha adquirido su figura y la utiliza a su favor para decantar la balanza. Si el rival está consiguiendo dominar la posesión, busca a Kroos para enlazar varias cadenas de pases que le frenen. Si espera en un bloque bajo con las líneas juntas, crea la superioridad entrando en campo rival sin miedo. Por eso es el capitán del Real Madrid. Porque su jerarquía representa fielmente el ideal del club blanco. No basta con ganar, sino que sus aficionados siempre deben sentir que son hinchas del mejor equipo del mundo. Y eso es lo que él intenta en cada momento. En cada partido. En cada jugada. Con acciones al límite de su capacidad futbolística.

La influencia que ha adquirido la presencia de Sergio Ramos en los partidos de su equipo es lo que eleva su nivel al escalafón reservado para los más grandes de este deporte. Como defensa, su capacidad para trascender un partido parece limitada. Pero tanto sus rivales como sus compañeros saben que no es así. Concentrado es un baluarte defensivo. Con balón, un seguro. Tiene atrevimiento, habilidad y creatividad para potenciar el juego asociativo de su equipo. Y en ataque, una amenaza. Sergio Ramos es un jugador capaz de todo esto y eso ya es mucho. Pero si hay una capacidad que le destaca es precisamente su influencia en el juego. Saber recordar a sus compañeros que, si se atreven a ser ellos mismos, son los mejores de este deporte. Que el Real Madrid les ha elegido porque son los mejores. Todo, desde su ejemplo. Todo, desde su presencia. Eso es lo que supone jugar con Sergio Ramos para el Real Madrid. Una grandeza al alcance de unos pocos elegidos.