Toni Kroos sin socios

Los primeros 365 días del Real Madrid de Zinedine Zidane se caracterizaron por una versatilidad en el juego completamente dominante. El Madrid intercambiaba partidos de repliegue y transición, otros de ataque posicional y otros de fútbol más directo, y en todos ellos disponía de argumentos para ser mejor que su rival. Sin embargo, tras la explosión allá por el mes de abril de Isco, la consolidación del 4-3-1-2 y la aparición del ‘Real Madrid de los centrocampistas’, el cuadro blanco encontró una clarísima línea a seguir de la que no se ha desmarcado desde entonces. En el día de ayer, con las bajas de Cristiano, Modric y Keylor Navas, y otras tantas rotaciones, el Real juntó un once lleno de novedades y de alteraciones posicionales que no favoreció en demasía a aplicar el plan que ha llevado al entrenador francés al éxito más reciente.

Ayer Kroos se vio rodeado de pocos compañeros que hablaran su mismo discurso.

El Real Madrid dibujó sobre el césped un 4-2-3-1, con Marcos Llorente formando el doble pivote junto a Toni Kroos, Asensio por detrás de Benzema y, lo que fue la principal novedad, Lucas Vázquez y Marcelo en los extremos. Aunque ha de decirse que en el caso del brasileño con algún matiz, pues la inclusión de Theo en el lateral conllevó un continuo intercambio de posiciones entre ambos, siendo Marcelo extremo sin balón pero lateral cuando la pelota era blanca, permitiendo así a Theo volar arriba, a sabiendas de que rinde mejor “llegando” que “estando”. Y este fue quizá uno de los déficits que encontró ayer el Real Madrid. Con dos extremos a pie natural y la ausencia de hombres como Modric o Isco, el Madrid encontró dificultades para plasmar su juego y asentarse en campo rival ya que, aunque la posesión fue siempre suya, el dominio no siguió las mismas directrices. Los ataques merengues fueron estériles y ante esta situación tampoco encontró en sus delanteros a esas figuras autosuficientes que te permitan voltear el marcador a tu favor cuando el juego no acompaña.

Desde el inicio del partido el cuadro blanco se dispuso sobre un doble pivote demasiado plano con Toni y Marcos, con Asensio como única vía de pase por delante, pues tanto Lucas por derecha como Marcelo por izquierda estuvieron lejos de ser una alternativa entre líneas. Además, la salida de Benzema fue una gota más en esta dinámica pues, con la entrada de un Bale más enfocado en dar profundidad que en ser un apoyo, Kroos perdió a uno de sus pocos socios. Los 11 jugadores levantinistas, con un mínimo de orden impuesto por Muñiz, conseguían ahogar la zona interior y solo sufrieron cuando el Madrid les buscó la espalda. Marcelo lo intentó no pocas veces lanzando a Theo al espacio, al igual que hizo Kroos con Bale y Carvajal pero sin apenas fortuna. Aun así el tanto de Ivi permitió a Zidane tomar una dirección de campo que le acercó algo al área rival. Subió a Kroos, retrasó a Asensio y ambos formaron pareja de interiores por delante de Llorente. El plan tenía sentido pues con el 0-1 el Levante había retrasado sus líneas y Llorente se bastó para iniciar cada ataque. Además, en estos contextos, que Toni pueda acomodarse en su sector centro-izquierdo del medio campo suele ser una carta ganadora. Con balón el ‘8’ asentó a los suyos unos metros más arriba y sin él fue muchas veces el segundo hombre en la presión. Los de Zidane empataron el partido gracias a una acción a balón parado, uno de los aspectos en los que siempre pueden confiar cuando el encuentro se tuerce.

Sin Cristiano, si el juego no le acerca a la victoria, el Madrid no dispone de delanteros capaces de resolver por sí mismos.

En la segunda parte la entrada de Isco al campo pareció acercar a los suyos a una remontada que hasta entonces no se vio demasiado cercana pero al igual que Zinedine había estado acertado en la recolocación de su medio campo tras el gol visitante, la salida de Llorente no fue la mejor noticia para los blancos. Kroos tuvo que volver a retrasar su posición para iniciar cada ataque y el equipo dio un paso atrás. Siempre tuvo la alternativa del centro lateral, y en esas Bale dispuso de algunas claras, aunque las sensaciones de remontadas no terminaron por cuajar. El míster francés quiso arreglarlo dando entrada a Kovacic para devolver a Kroos a una posición más adelantada pero el Levante no se agitó lo más mínimo. Sintomático fue ver a Sergio Ramos durante casi 10 minutos jugando como delantero centro aunque negar que era de los tipos más competitivos y que más cerca podría estar de hacer gol era tan real como preocupante para el Real Madrid.

Zidane dispone en su banquillo de jugadores únicos vestidos de traje capaces de cambiar el juego del equipo, ya sea dominando la posesión –Isco–, agitando el partido –Ceballos–, golpeando a la contra –Asensio–, dando profundidad por fuera –Theo– o rajando por dentro –Kovacic–, pero en días como ayer lo que el Santiago Bernabéu echó en falta fue la figura de un cobrador del frac, que llegue sin preguntar y se cobre lo que es suyo.

Imagen: Denis Doyle/Getty Images