Desde París con amor

– Nos falta un hombre y necesitamos tu ayuda.

+ Señor, ¿se da cuenta de que no sé si estoy preparado para operaciones especiales?

– Trabajarás con nuestro agente más destacado.

En la película ‘Desde París con amor‘ lo contaban como algo así y parecido tuvo que ser el momento de la concepción de la pareja de moda cuando, hace poco más de un mes, Mbappé se adhirió a un recién llegado Neymar. En realidad Kylian sí estaba bastante preparado pero trabajar de la mano del mago brasileño le está viniendo de perlas.

El día de los enamorados de 2017 habían facturado un 4-0 en el encuentro de ida frente al todopoderoso Barcelona pero, aun así, no sirvió para nada. El PSG había hecho uno de los mejores partidos de su historia reciente pero, aun así, tampoco sirvió para nada. Todo fue un espejismo. De nuevo, por enésima temporada consecutiva, morían demasiado lejos de la orilla. De nuevo, como en tantas otras ocasiones, el proyecto no cumplía con los objetivos marcados. Al PSG le habían vuelto a romper el corazón tras una noche mágica en el día más señalado y, cansado de tanta espera, el club parisino hizo este mercado estival dos movimientos que prometen conquistar el amor que hasta ahora le había sido esquivo.

El PSG amenaza con destruir la hegemonía de los grandes en Europa.

A fecha de hoy Europa es capaz de recitar de memoria los cinco equipos que han regido con puño de hierro las rondas finales de Champions League en el último lustro. Real Madrid, Atlético de Madrid, Bayern de Munich, FC Barcelona y Juventus de Turín conforman el bombo de los máximos favoritos al título y el acceso a este selecto grupo exige unos credenciales de los que ningún aspirante había dispuesto. Pero el giro de los acontecimientos de este verano ha hecho explotar por los aires este dogma hasta ahora inamovible. El PSG ha conseguido aunar en el mismo once al tercer mejor futbolista del planeta y al joven con más potencial que se recuerda desde la aparición del propio Neymar. Y eso por sí mismo ya pone al equipo francés en el escaparate. Pase lo que pase en mayo, París ya ha pasado la prueba. El pastel, hasta ahora repartido entre cinco, ya tiene un comensal más. Y viene con mucha hambre

Con el objetivo de acomodar a las dos nuevas estrellas y generarles un ecosistema en el que lucir todo su potencial, Unai Emery se he decantado por añadir a Edinson Cavani a la ecuación. Muchas eran las opciones de las que disponía el míster de Fuenterrabía y finalmente, tras varias pruebas realizadas, parece que el 4-3-3 se ha convertido en el sistema en el que los dos flamantes fichajes tendrán que vestir sus mejores galas. Casi diez jornadas ligueras después y dos ilusionantes partidos en Champions, brasileño, uruguayo y francés van formando los primeros automatismos en el ataque parisino.

Mbappé, Cavani y Neymar en transición son autosuficientes. Ante repliegues defensivos necesitarán más del colectivo.

Hay que empezar constatando que Emery es un sabido amante de las transiciones, ambiente en el que más puede disfrutar el trío titular del ataque francés. Sin embargo la presencia de Neymar lo condiciona todo pues es extraño imaginar un equipo con él de estrella que no acabe siendo directa o indirectamente protagonista con balón. Más aun sabiendo que en Ligue 1 tendrá que doblegar repliegues bajos como norma general. De momento el conjunto de Unai tiene recursos para solucionar cualquier tipo de contexto aunque alguno necesitará más trabajo. Si el plan es repliegue y transición el PSG no tiene rival en Europa. Es absolutamente indefendible. Si tiene que atacar en posicional ante presiones medias o altas tiene el recurso del giro y arrancada de Verratti, el regate y desborde de Neymar o el poso en salida de balón de Dani Alves. Sólo ante defensas replegadas se atisban algunas dificultades, más relacionadas con el equipo en general que con la MCN en particular, y ante las que, en todo caso, Emery ya está trabajando.

Neymar centraliza toda atención y acapara tanto focos amigos como rivales. Mbappé lo aprovecha para atacar el lado débil.

Para comenzar entendiendo el porqué de la elección del 4-3-3 como sistema de juego por parte del técnico vasco la respuesta empieza y acaba en la figura de Neymar Júnior, epicentro absoluto del ataque del subcampeón de Francia. La ausencia de mediapunta en el esquema libera un espacio interior al que el brasileño puede caer con absoluta libertad y desde el que puede cobrarse todas las ventajas que su exquisita calidad genera. La presencia de Verratti y Dani Alves en el sector diestro supondría en casi cualquier otro contexto definir la derecha como la zona fuerte del equipo pero la atracción gravitatoria de Neymar es demasiado potente y acaba por voltear las tensiones, afectando a los rivales de una forma desorbitada -ejemplificado en el 1-0 de Alves frente al Bayern- (ver secuencia de imágenes 1).

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(Secuencia de imágenes 1: Neymar atrae hasta cuatro marcas por izquierda y libera todo el flanco derecho para la llegada de otros compañeros)

El vuelco del grosso del juego hacia el lado siniestro está activando el rol entrelíneas de Adrien Rabiot, interior de dicho sector, siendo el principal socio del brasileño en medio campo y tensando su fútbol hacia posiciones más adelantadas, convirtiéndose en el centrocampista con más vuelo del equipo. Por su parte, en el interior derecho, Verratti está experimentado una paradoja. Sus cifras de participación han subido ligeramente en comparación a otros años pero su importancia en el juego, al menos en este primer tramo de temporada, ha perdido a nivel de jerarquía. Sus mapas de calor están más cercanos a los de Thiago Motta –mediocentro del equipo- por lo que está siendo Dani Alves quien actúa de enlace con Kylian Mbappé.

Este citado efecto imán del ex del Barcelona en el lado siniestro está generando la principal ventaja para que Mbappé, en el lado opuesto, explote todo lo que tiene dentro. Atacando el flanco “débil” está encontrando espacio suficiente para ser un arma de destrucción masiva. Los problemas que podría encontrar su juego habitual partiendo desde la derecha se han mitigado al contar con más huecos de los habituales. Además, como sus movimientos más definitivos siempre suelen darse sin balón –sus desmarques están al nivel de los mejores especialistas-, no se ve pesado por tener que abusar de la conducción antinatural que para un diestro supone el llegar a zonas interiores desde la derecha. Aun así, si puede correr, su conducción y regate son tan indefendible como siempre, compaginándolos con una inteligencia insultante para su edad en toda toma de decisiones –nunca abusa de la conducción y se está mostrando finísimo también en la asociación- y con un punto de pausa que le permite aprovechar tanto su cambio de ritmo positivo –arrancando desde parado- como negativo –a máxima velocidad es capaz de detenerse y pensar-. Así llegó el 2-0 de Cavani ante el Bayern (ver secuencia de imágenes 2).

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(Secuencia de imágenes 2: Mbappé rompe al espacio y, a pesar de tener metros para conducir, es capaz de sacar un segundo de pausa para asistir a Cavani)

Si Neymar está siendo el activo generador en ataque Kylian está siendo el aprovechador. No tanto con cifras, aspecto que está recayendo bastante más sobre Edinson, pero sí con todo lo relacionado con acciones de juego. A pesar de partir desde banda nunca se enjaula en ella, exhibiendo una paleta de movimientos tan amplia que permite que su radio de acción ocupe casi todo el ancho del campo. Por momentos, el sistema parece mutar a un 4-3-1-2 con Cavani y Mbappé flotando arriba y Neymar ejerciendo de verdadero ‘10’ por detrás de ambos.

Cavani está compaginando el trabajo de escudero con el de matador.

En cuanto a la figura que de momento está completando el trío del ataque cabe decir que la presencia de Cavani como punta de lanza no se atisbaba a priori demasiado funcional con respecto a las necesidades de Neymar y Mbappé. Durante la época de Zlatan Ibrahimovic en la ciudad de la luz el ariete uruguayo ya tuvo que dar un paso a un lado, y nunca mejor dicho. Apagado por el foco mediático de Zlatan, la banda derecha fue su sitio durante las tres temporadas que compartieron vestuario hasta que el año pasado la salida del sueco permitió a Edinson recuperar la plaza de delantero centro y con ella los galones que había pedido en su llegada allá por 2013. En 2017 parecía complicado que el ‘9’ repitiese respuesta y volviese a recular en favor del estatus que Neymar tiene en Europa.

Sin embargo, a base de fútbol, Edinson está demostrando ser un recurso mucho más útil como escudero de lo que podría parecer. No sólo está completando al trío sino que lo está complementando. Con uno por izquierda y otro por derecha la capacidad trabajadora y solidaria de Cavani está siendo muy importante para dotar de espacio a sus dos compañeros. Las descargas de cara no son una de sus cualidades para dar continuidad a los ataques pero gracias a sus desmarques de ruptura -sobresaliente virtud- está ayudando a liberar vacíos en las inmediaciones del área para que Ney llegue con balón o Kylian sin él. Esto ya de por sí podría ser un listado de méritos notable, como otros tantos actores secundarios cuyo fin es potenciar a la estrella –Benzema con Cristiano- pero es que a pesar de ello su producción goleadora no se está viendo mermada. Incluso todo lo contrario gracias a la facilidad de Neymar para el último pase. Cavani, además de trabajar para otros, está manteniendo sus cifras y esto último está siendo de utilidad para no traspasar toda la responsabilidad a las dos estrellas desde el primer momento –sobre todo a un Mbappé al que le está costando un poco el apartado realizador en este inicio de curso-.

Si la delantera es puro ‘allegro’ el mediocampo habla un lenguaje más ‘piano’.

Cabe decir que, con todo lo citado, el actual once titular del Paris Saint Germain está mostrando alguna pequeña incoherencia respecto a ciertas fases del juego. En la cita más grande de lo que va de curso el sistema defensivo no exhibió demasiada solidez como para proponer durante muchos momentos un plan de transición rápida defensa-ataque. Quizá una de las razones podría encontrarse en las diferencias de ritmo entre mediocampo y delantera. Motta, Verratti y Rabiot conforman una línea de control y pausa que con cierta frecuencia puede parecer plana. Ni Marco ni Adrien son jugadores cuya principal virtud sea asentar posesiones cerca de tres cuartos de campo por lo que recae muchas veces en Neymar –o Dani Alves- el llevar y mantener el balón a campo rival. Por su parte Ney, Mbappé y Cavani disfrutan con cada transición que pueden hilvanar. No escatiman en ello y rara vez priorizan el poder dañar con espacios respecto a amasar un ataque. En ese sentido, delantera y mediocampo recitan discursos distintos. Si los tres de arriba han cabalgado sin esperar a los de atrás en caso de pérdida el equipo no siempre está lo bien colocado que Emery desea. De ahí que hasta ahora el nivel defensivo parisino no esté siendo un aval.

Aunque en el juego aún tiene deficiencias el PSG ya gana como un equipo de súper élite.

En todo caso, a pesar de que el juego aún tiene mucho margen de mejora –de momento todo viene más de un nivel sobresaliente de ciertos jugadores que de un engranaje bien ajustado- el PSG está siendo capaz de vencer como los grandes y de reflejar en el marcador lo que su juego no siempre le concede. Eso es lo que distingue a los mejores de los buenos, a los favoritos de los aspirantes. El camino ya está encauzado y en el horizonte se divisa un brillo alentador. Neymar y Kylian suponen el paso definitivo para llevar a la Diosa de Europa hacia nuevos fieles. El ‘10’ vino para ser la estrella absoluta y Emery le ha dado todos los galones. El equipo es suyo y tiene en Mbappé al mejor aliado. El francés está sabiendo aprovechar que todo el filtro mediático haya ido a parar a otro para liberarse de presión y jugar. Y que ese filtro esté sobre él es justo lo que motivó al brasileño a cruzar los Pirineos. Como sucediese en 1789 la revolución ha llegado a París. Neymar y Mbappé han tomado la Bastilla. Y el resto, ya se sabe, es historia.