El Barça de Valverde en el Wanda

El FC Barcelona no se había dado cuenta lo que significaba echar de menos a Neymar hasta que se ha enfretado al Cholo Simeone. Hasta ayer, con más o menos solvencia, había sacado adelante sus partidos amparándose –además de en la figura de Leo Messi– en el buen hacer de su técnico que, a sabiendas del déficit que supuso la marcha del brasileño, está buscando y encontrando mecanismos para su nuevo engranaje.

La prueba de visitar por primera vez el Wanda Metropolitano suponía para Ernesto Valverde un contexto al que su nuevo Barça aún no se había enfrentado. Frente a él Diego Pablo Simeone dispuso sobre el césped a su once de mayor garantía a fecha de hoy, con Gabi y Saúl compartiendo el doble pivote, Carrasco en la izquierda, Koke como falso extremo diestro y Correa y Griezmann como dupla atacante. La suplencia de Thomas puede entenderse como respuesta a la necesidad de bregar contra un previsible Messi fijo en posiciones interiores, pues el orden táctico del capitán supone mayor garantía en estas lides que la enérgica –y anárquica a veces- actitud defensiva de Partey. Y así fue, pues la línea que divide el terreno de juego en dos partes fue un espejo y el Barcelona replicó el 4-4-2 de su rival con Leo flotando en la media punta e Iniesta y André Gomés en bandas.

El pressing inicial del Atlético de Madrid le acercó mucho al gol pese a no tener balón.

Con el fin de que Messi encontrara el mínimo de espacio posible a espalda del doble pivote colchonero el Atlético comenzó el choque con una presión muy alta comandada por una línea defensiva situada casi en medio campo. Los del Cholo ahogaron la salida de pelota culé y recogieron frutos varias veces en forma de robos en campo rival. Griezmann, el atacante rojiblanco más fino del partido, se encontró con un soberbio Ter Stegen -su nivel ya es de TOP5 mundial- en dos ocasiones antes de que Saúl Ñíguez culminara un encuentro de una jerarquía superior a la de sus compañeros con un gol que define a la perfección lo qué es: un crack ultra determinante cuando pisa la frontal del área.

El tanto removió un poco el “cómo” se desarrolló el partido pero no el “porqué”. El Barça empezó a acaparar posesiones larguísimas pero igualmente estériles. La presencia de André Gomes en el ataque posicional culé fue poco útil para el ‘10’ blaugrana, el atacante más cercano a su posición. En cuanto el Atleti bajó su presión y se acomodó algo más atrás los puntos de sutura que cosieron la salida de Neymar JR del once azulgrana saltaron por los aires. El Barcelona, con una alineación muy plana y un ritmo bajísimo, aglutinó tanta pelota como falta de peligro real. La carencia de desborde –especialmente contra un Juanfran que siempre ha sufrido muchísimo contra este Barcelona– provocó que nadie hiciera temblar las piernas a la defensa atlética. Oblak, Godín y compañía defendieron muy tranquilos hasta el tramo final del partido. Solo Messi conseguía rajar algo por dentro pero la versión 2017 de Luis Suárez no le generó ninguna ventaja. Aislado del juego y bastante desacertado en el área el delantero pareció tener que tocar fondo en la primera parte para resucitar cómo lo hizo en la segunda. Aun así los de Valverde controlaron bastante bien su transición defensiva y el Atleti pocas veces salió con peligro.

Los cambios de Ernesto Valverde reactivaron a un Barcelona carente de veneno.

La segunda parte trajo consigo los primeros cambios y las respuestas de los entrenadores. Valverde sacó al césped a Deulofeu en busca del vértigo y electricidad del que había adolecido su ataque. Le fijó en derecha y aunque las posibilidades de que desbordase a Filipe Luis eran escasas el objetivo era claro: fijar su atención, verticalizar por fuera y liberar así a Messi del foco de ayudas que supone el brasileño hacia dentro. La respuesta del Cholo llegó con la salida del campo de un espeso Correa por Gaitán. El Atleti juntó a otro centrocampista más con balón en el sector izquierdo para defender por momentos con balón y el plan resultó. El Wanda vio como su equipo hilvanó más ataques y así pudo acercarse de nuevo a Ter Stegen.

Sin embargo el Txingurri introdujo una variante que a la postre se tornó definitiva. El plan A no estaba funcionando y en el banquillo disponía de una doble carta que podría resultar ganadora: Paulinho y Sergi Roberto activaron el plan B. El brasileño formó ese “doble 9” reciente tan habitual con Suárez en el área y el canterano, desde la derecha, fue el socio para Leo que ni André ni Gerard estuvieron cerca de ser. Sintomático fue que el gol del empate llegara fiel al plan activado. El uruguayo remató en el área un centro lateral de Roberto y el Barcelona agarró un punto que hasta el tramo final no se vio demasiado plausible, pero tras el cual la remontada pareció poder llegar.

Imagen – Gonzalo Arroyo Moreno/Getty Images

  • Enamin99

    Que falto anda este equipo de un director de juego de verdad, no Messi, Messi en la delantera, me refiero a un buen socio para Messi, y un punta que aporte velocidad y profundidad, que bien hubiera venido Mbappe en lugar de Dembele.