Marcelino contra Valverde

Por fin llegó el momento, llevábamos jornada tras jornada viendo su travesía en paralelo, sus rachas de partidos sin derrotas se acumulaban y seguían despegándose en la tabla de sus competidores. Mestalla acogía el duelo entre los dos equipos punteros de la Liga, el sólido y vertiginoso Valencia de Marcelino y el armonioso y encorsetado Barcelona de Valverde, o lo que es lo mismo, el duelo entre los dos entrenadores españoles con mayor riqueza táctica de este lustro y sus nuevos proyectos creados a su imagen y semejanza.

El partido se planteó desde el rigor, estaba claro que ninguno de los dos iba a permitir que el rival se desatara o pudiera deshilachar sus costuras tácticas. Ambos conformaron un 4-4-2 con distintos enfoques geométricos en el centro del campo. Mientras Marcelino acudía a las líneas juntas, el bloque bajo y su doble pivote, Valverde se ajustaba a la presión adelantada y sus interiores exteriorizados apoyados por el interior con un media punta (Paulinho).

El Valencia arrancó enérgico, pero el Barcelona ajustó y dominó.

Los de Marcelino ejercieron su presión típica y redirigida sobre Samuel Umtiti, sin Piqué sería el primer escalón de posesión culé. De esta manera, los delanteros y extremos se alinearían tapando esa primera conexión y obligando a Ter Stegen a buscar el balón largo o el pase en corto arriesgándose a la pérdida y la posterior reactivación che, una de las más efectivas del presente campeonato. Valverde, en esta batalla apasionante de ajedrez, reorganizaría la salida a base de atracciones y creación de espacios, es decir, Busquets y Umtiti, habituales focos de recepción, atraerían la presión valencianista liberando el carril derecho y habilitando la ‘’vía Semedo’’.

Tras unos primeros minutos de peligro, el Barcelona conseguiría estabilizar la situación y con el Valencia replegado en bloque a pocos metros de su área, conseguiría dominar totalmente el encuentro hasta el descanso. Para que todo esto ocurriese, eran clave la posesión completa del balón y la neutralización del arma ofensiva más peligrosa del Valencia, el contragolpe.

1. Monopolización del balón: Valverde utilizó los interiores abiertos no solo para ejercer la superioridad en banda, también para crear un espacio libre para que Messi pudiese crear y asociarse continuamente por el carril central. Paulinho, en este caso situado como media punta, actuaría junto con Suárez como pivote para facilitar las triangulaciones entre con el argentino en ataque, y también opondría un elemento físico competidor sobre Kondogbia, es decir, creaba una situación de superioridad que ni Parejo ni el propio francés supieron asimilar. Por último, cuando todo el Valencia basculaba y no surtían efecto las incursiones a través de paredes, el carril izquierdo se convertía en una autopista en la que proliferaban Iniesta, a la altura del propio Messi, y Jordi Alba, rompiendo a la espalda de la defensa y creando la línea del ‘’Messi pass’’, creando una alternativa efectiva.

2. Neutralización del contragolpe: Tras perdida, y cuando el Barcelona estaba completamente desplegado sobre el campo contrario, se ejercía una recuperación casi inmediata que evitaba el rápido despliegue che. Valverde configuró una red de ayudas que principalmente consistían en tapar las triangulaciones de los jugadores valencianistas con la presión sobre Zaza y Rodrigo, principales pivotes de reactivación para Marcelino.

Marcelino realizó una lectura perfecta y provocó constantemente las superioridades.

Tras la reanudación y con el valioso, milagroso, empate a cero en el marcador, el Valencia cambió de sometido a dominante y el Barcelona acentuó sus carencias defensivas en los costados. La lectura consistía en adelantar líneas para que Kondogbia se encontrara más cerca del comienzo de jugada culé, surtir de balones a Parejo y ejecutar por fuera una constante superioridad contra el lateral correspondiente. La superioridad se vio subrayada por el perfil izquierdo che, aprovechándose del gran momento de forma y la autosuficiencia de Guedes y junto con Gayá, en el que experimentaron una producción constante de ocasiones. Semedo se sentía desbordad, Umtiti no podía acudir a las ayudas para no dejar a Vermaelen en inferioridad ante Rodrigo-Zaza y Busquets físicamente no conseguía secar a Parejo. Esto se acentuaría tras la entrada de Deulofeu por Rakitic que provocó una inexistente ayuda del extremo izquierdo a su lateral.

Defensivamente el Valencia también avanzó y Gabriel Paulista realizó un espectacular partido secando a Luis Suárez. Junto con Garay dieron una magnifica clase de anticipación, tanto sobre tiros como sobre pases o movimientos, y de contundencia. Sobre esta base defensiva, como es típico en todos los equipos de Marcelino, se consolidó la base del equipo que dominaría el resto del encuentro.

El partido se decidió por varias de las situaciones creadas por ambos entrenadores. El Valencia se valdría de esa superioridad para que Guedes, tras una demostración de su talento, conectara con Rodrigo y el gol del Barcelona fue protagonizado por la conexión entre Messi y Alba a través de la perfecta ejecución del ‘’Messi pass’’. Un duelo apasionante, de una riqueza futbolística tremenda e igualado que deja intactas, de forma merecida, las rachas de imbatibilidad de cada uno y un duelo táctico tremendamente interesante.