Las segundas partes siempre fueron mejores

Ganar al Barça de Valverde es muy difícil. En liga, de momento, misión imposible. Pudo el Alavés defender rozando en muchos momentos la perfección y viviendo igual de bien sin el balón, que se topó con Ernesto Valverde para más tarde terminar de caer ante Leo Messi. Y es que en el Camp Nou se volvió a vivir un guion ya repetido, conocido, por parte de los locales: las segundas partes siempre fueron mejores que las primeras.

Los primeros tiempos no están siendo los mejores para el equipo de Ernesto Valverde. Esta vez fueron las dos líneas de cuatro propuestas por el ‘Pitu’ Abelardo para frenar el juego azulgrana las culpables. En un ejemplo de trabajo coral y de coordinación, el Alavés bien rozó la excelencia en muchos momentos en el apartado defensivo, favorecido también por la escasez de ideas de los jugadores azulgranas. Mientras en banda derecha Coutinho no lograba proyectarse del todo al ataque y a Semedo le costaba leer lo que requería de él el equipo, pues en muchos momentos se le veía quedarse en tierra de nadie, en el lado contrario la ausencia de Jordi Alba era demasiado para un cuadro culé que, además, se veía desdibujado en las transiciones defensivas. El resultado de todo ello: el partido que soñó tener el Alavés antes de empezar. Un Barça sin fluidez ni ocasiones concediendo espacios para poder penalizar al contragolpe. Y lo aprovecharon: Guidetti ponía a la media hora el 0-1 que se mantendría hasta el descanso.

Era otro Barça. Uno de más reconocible. Jordi Alba dotó de profundidad, activó a Iniesta y volvió a combinar con Messi.

Pero este año el Barça de Ernesto Valverde si algo ha decidido es romper con el mito de que las segundas partes no pueden ser buenas. De hecho, pueden ser mejores que las primeras. Lo son. Esta vez el técnico vasco encontró la solución en los laterales. Con la entrada de Jordi Alba y Sergi Roberto cinco minutos después de la reanudación, el Barça se reencontró con las bandas en su último cuarto de campo. Era otro Barça. Uno de más reconocible. Jordi Alba dotó de profundidad, reactivó a Iniesta y volvió a combinar con Messi. Mientras tanto, Sergi Roberto activó una banda derecha muy apagada en el primer tiempo que, tras la entrada de Alcácer, vería de más cerca al argentino, dotando de más amplitud al juego. Poco a poco volvieron las ideas a botas azulgranas y el Alavés veía más zonas a las que defender. Optó Abelardo por la entrada de la velocidad de Pedraza en busca de pescar un nuevo contragolpe con el que sorprender y poner el 0-2, pero no pudo evitar que el Barça retomara ese olor a gol que tanto le gusta olfatear a Luis Suárez, que minutos después marcaría el empate.

Messi le dio la victoria a su equipo con una de aquellas faltas que, antes de ser disparada, el espectador ya sabe que terminará en gol. No por su cercanía a portería, sino simplemente por conocer a su lanzador.

Y ahí, apareció, una vez más, el fenómeno Messi. Falta, chut y gol. Pum. El Alavés no se resignó y buscó ese segundo tanto en los minutos finales que premiara el fantástico trabajo colectivo del primer tiempo, pero no llegó. Y con ello, el Barça selló una nueva remontada siguiendo ya con la rutina de este año. Y otra vez, con dos denominadores comunes: Valverde y Messi. El primero volvió a mejorar a su equipo pasados los primeros 45 minutos y el segundo volvió a ser el mejor, dándole al equipo azulgrana una victoria más que peleada con una de aquellas faltas que, antes de ser disparada, el espectador ya sabe que terminará en gol. No por su cercanía a portería, sino simplemente por conocer a su lanzador.

FOTO: David Ramos/Getty Images