Volver

Simeone lleva semanas preparando el terreno para la vuelta de Diego Costa y años fingiendo que no le necesita. El Atlético de Madrid alcanzó sus cimas de juego más altas sin el hispano-brasileño, pero nunca fue tan peligroso como con él en sus filas. La vuelta de Costa permite a Simeone soñar con todos los escenarios posibles. Entre ellos, el más soñado de todos: volver a ser Simeone.

Diego vuelve para ser el ídolo de la afición, y eso quizá le convierta en la estrella del equipo, cuando quizá esto albergue más dudas. Diego significa victoria, más victoria de la que ha significado jamás Griezmann, unido para siempre a unos años de mayor talento y potencial pero también mayores dudas. Para Simeone, Diego significa no tener que volver a dudar. Diego Costa es un plan en sí mismo, pero también casa con otras versiones de su Atleti.

Costa abre un abanico nuevo de posibilidades

Sin duda, el sistema que más potencia las virtudes del ex del Chelsea es un plan de repliegue y contragolpe, en el que el de Lagarto abarque toda una delantera y se encargue de luchar balones y centrales, de otorgar profundidad y anchura. Habrá que ver si el físico le da para todo esto, sobre todo a lo ancho, pero tampoco será imprescindible. Estará bien rodeado. Su relación con Griezmann, la más prometedora, tiene sus peligros pero es esperanzadora. Antoine se beneficiará de todo el trabajo que hará Diego por dejarle en la frontal y sin vigilancias, y Diego disfrutará de que Antoine, el talentoso director de su ataque, vea limitadas sus responsabilidades a potenciar al máximo los movimientos del recién llegado. La mejor versión de Griezmann ha acabado siempre donde empieza Costa, y a Costa nunca le ha venido mal tener a un crack guardándole las espaldas (Hazard).

Por otro lado, que el fichaje llegue en combo con Vitolo no es baladí. El de Las Palmas significa lo mismo que Diego: peligro desde muy lejos. Vitolo permitirá que ese bloque bajo siga siendo amenazante, con un desmarque al espacio pero sobre todo una conducción endiablada que, unido a su lectura del juego y al hecho de que tiene como siguientes eslabones a Griezmann y Costa, carga el aroma de veneno. Ni si quiera será preciso que el canario mejore su gran debe, las cifras, para que su juego signifique peligro.

Otra relación que promete enamorar es la de Koke y Diego Costa. Directamente, supone el enlace de un pasador y un rematador privilegiados, tanto al espacio como incluso desde el costado o a balón parado. Pero además, la amenaza de Costa en el área proporcionará a todos un espacio extra en el medio, del que Koke se beneficiará seguro para hilar posesiones aún más peligrosas con un Griezmann que aparecerá unos metros más atrás de lo que se le ha venido obligando.

Aún hay muchas cosas que diferencian a este Atleti del de 2014

Si por algún sitio surgen las dudas es en la adaptación de este Atleti a lo que era. Seguramente no vuelva a serlo, puede que tampoco le haga falta. La pareja de centrales no se ha mostrado nunca tan segura como aquel Godín-Miranda, y la falta de un mediocentro posicional promete hacer flaquear su repliegue. Pero poco a poco hemos visto las señales. El Wanda ha celebrado sus primeros 1-0, recordando otros que no fueron suyos. Y el peligro ha vuelto. Se nota otro ambiente. Para Diego Costa, con volver ha sido suficiente.