Al compás de Griezmann

Con la vista puesta en el partido de vuelta de las semifinales de Copa del Rey, y condicionado por el estado físico de varios de los integrantes de la plantilla, Marcelino se presentó en el Metropolitano sin el once de gala al que nos tiene acostumbrados. En esta ocasión, fueron Maksimovic y Toni Lato (turnándose con Gayá) quienes ocuparon las bandas. La propuesta fue clara: desde el inicio, el Valencia trató de exigir la máxima creatividad posible al Atlético de Madrid, forzándole a empezar la gran mayoría de sus ataques en acciones en estático. En estas situaciones, el Valencia replegaría intensamente, sin dejar huecos a los atacantes rojiblancos. Pero ese plus de imaginación que exigió el plan valencianista no pareció ser un hándicap en el desarrollo del juego atlético, necesariamente.

Saúl y Koke formaron el doble pivote del Atlético

Por su parte, Simeone interpretó, a raíz de lo acontecido en los últimos partidos, que necesitaría algo más de talento en la creación y distribución del partido, sobre todo si el Valencia seguía el guión que otros equipos ya han puesto en práctica en sus visitas al Metropolitano: una defensa muy cohesionada, acumulando efectivos en el carril central, y que espera al robo para crear peligro y tejer rápidas transiciones ofensivas. Tanto Saúl como Koke dieron otro aire a su equipo, permitiendo una circulación fluida de la pelota y consiguiendo que el Atlético pudiera posicionarse más arriba. La réplica valencianista tuvo nombre y apellidos. Geoffrey Kondogbia. Todo un portento, agitó al Atlético durante todo el partido, pese a que su estado físico no fue el deseado y que recibió un marcaje asfixiante a lo largo de los noventa minutos. Poco pareció importarle.

Por delante, la banda izquierda fue para Carrasco, cuya elección reportaría más verticalidad, algo que los rojiblancos suelen echar de menos en momentos puntuales del partido; además compensaría esa pérdida de capacidad asociativa que reporta la presencia de Filipe Luis en un partido cualquiera.

La jugada más repetida durante todo el partido, fue el envío lateral desde el sector derecho, con Vrsaljko como ejecutor, y con no demasiada fortuna. No hubo demasiadas ocasiones durante la primera parte por parte de ambos, pero el dominio territorial fue del Atlético. Le costaba batir líneas, pero fue insistente en su idea. Un número significativo de las acciones de ataque tuvieron su resolución en un periodo de tiempo no demasiado prolongado. Si era necesario, la finalización llegaba con alguno de los jugadores probando suerte desde distancias lejanas. Toda jugada debía ser acabada a la mayor brevedad posible, con el fin de evitar esos periodos de ansiedad ya mencionados.

La segunda parte de Griezmann

Una genialidad de Correa, cuyo origen precisamente reside en uno de esos lanzamientos lejanos, puso el que sería el marcador definitivo, alcanzada la hora de partido. Durante los instantes posteriores, Griezmann fue el termómetro del Atlético. El “7” se desenvolvió por detrás de Diego Costa. La presencia del hispanobrasileño le permitió descolgarse y bajar a recibir, facilitando la circulación de la pelota. Su segunda parte fue una muestra de lo valioso que es su juego, y de cuánto vale su capacidad de continuar las jugadas. Que sea Costa su acompañante, libera a Griezmann de excesivas responsibilidades en ataque. Meses antes, era frecuente pedir al francés que mantuviera los registros goleadores de otras temporadas sin renunciar a su faceta más asociativa, algo que no se sostenía como cabía esperar. Es ahora, con una referencia en ataque lo bastante poderosa como para ser autosuficiente y hacer vida más allá de Antoine, como el mismo Antoine se siente más liberado. Y ahora mismo, dejando a un lado la llegada de Diego Costa, no hay una noticia mejor para el Atlético.

 

FOTO: Denis Doyle/Getty Images