Conte desnudando al Barça de Valverde

Ante el tremendo reto de exhibir el nivel que el Fútbol Club Barcelona está demostrando en los últimos meses en la Liga y en la Copa del Rey, Ernesto Valverde quiso que su equipo tuviese más semejanzas que diferencias con el que juega todos los domingos, a pesar de hacerlo un martes y con el himno de la Champions de por medio. Sin Coutinho —inhabilitado para jugar la Liga de Campeones por haberlo hecho antes con el Liverpool—, el Txingurri no hizo ninguna probatura sobre el verde de Stamford Bridge y alineó a Paulinho en el sitio de su compatriota, apostando más por el 1-4-4-2 que el 1-4-3-1-2 que implica que el propio Paulinho haga de mediapunta.

Quien sí varió más su once tipo fue Antonio Conte. El entrenador italiano dibujó sobre el papel un 1-3-4-3 que recordaba al sistema con el que la temporada pasada arrasó en la Premier, pero en la práctica vimos que aunque Bakayoko ni Drinkwater fueron de la partida, el Chelsea dispuso más de un esquema en el que Pedro y Willian —teóricos extremos— cumplían con las labores de un interior con mucho recorrido. Y por tanto, no renunció a quitar un centrocampista.

Con las cartas sobre la mesa, el colegiado de la contienda dio inicio al partido de ida de octavos de final entre el Chelsea y el Barça, y enseguida se vio que la hoja de ruta trazada por Conte para emular lo que en 2012 hizo Di Matteo, podía poner en serios compromisos a un Barcelona que tuvo muy interiorizado que se trataba del primer envite y que todo se decidirá el 14 de marzo en el Camp Nou.

Como era de esperar tras ver la formación titular del Chelsea en el que Hazard actuó de punta, el Chelsea lo que pretendió desde el principio fue realizar un repliegue intensivo para sorprender al Barça corriendo al espacio. Antonio Conte colocó su primera línea de presión a la altura de la divisoria de los dos campos más o menos y con ello obligó a su rival a jugar en poquísimos metros; concretamente dentro de dos líneas compuestas por cinco y cuatro futbolistas respectivamente. En eso consistía el primer paso del plan elaborado por Conte para frenar a Messi, el futbolista que determina a qué velocidad ataca el FC Barcelona. Y por lo vimos en el global de los 90’ al Chelsea no le salió mal replegar para encajonar a Leo Messi y ralentizar todo el juego culé.

Eden Hazard y Willian Borges dieron sentido a todo el trabajo de acoso y presión que sus compañeros hicieron en la zona ancha del terreno de juego. Ambos fueron los jugadores que el Chelsea dejó descolgados para asestar el primer golpe al Barça y Willian especialmente no estuvo lejos de firmar el gol inaugural de la eliminatoria. El brasileño se benefició en todo momento de las atenciones que demandaba para la defensa blaugrana la figura de un Hazard muy móvil, que dependiendo por dónde transcurría el juego se dejaba ver por un costado u otro y, desde ahí, aterrorizaba a su rival cuando era capaz de girarse y enfilar la portería de Ter Stegen.

El Barça no arriesgó apenas en sus pases y la mayoría de veces jugó en horizontal.

Dentro de este escenario en el que el Chelsea incitaba una y otra vez al Barcelona a error para poner de cara el cruce, el conjunto de Valverde tuvo mucho más que su contrincante la posesión, pero arriesgó lo mínimo en sus pases. La temporada pasada el cuadro catalán ya vio cómo se le complicaron las dos eliminatorias que disputó por cosechar sendos resultados catastróficos frente el PSG y a la Juve, y este Barça de Ernesto que hemos visto cómo ha crecido desde tener una mayor seguridad defensiva en el campeonato regular, no se dejó llevar en la fría noche londinense. Jamás quiso perder el control.

Mapa de pases del FC Barcelona en la primera mitad.

Sin embargo, tras el descanso, el Chelsea encontró el premio del gol. En una jugada de estrategia, Willian —que en situaciones de remates lejanos ya había estrellado dos balones contra la madera, puesto que recibía muy solo— hizo el 1-0 con un chut muy ajustado, y la gran hora de juego que completó su equipo le dio la iniciativa en el marcador al Chelsea.

Para tratar de revertir la situación, Valverde no cambió de esquema ni subió a su lateral derecho (Sergi Roberto) al centro del campo como otras veces sí ha solido hacer, y lo que hizo fue dar entrada a Aleix Vidal. El ex del Sevilla entró en sustitución de un Paulinho que en el Barça está para lo que está —apuntalar la medular culé con su presencia física y rellenar bien el área haciendo caso a sus instintos de llegador puro—, pero Aleix Vidal no mejoró la fase ofensiva de elenco visitante.

De hecho, el de ayer fue uno de los pocos días en los que la mano del técnico blaugrana no significó goles, y buena muestra de ello fue cómo se dio el tanto del empate definitivo de Messi. Andreas Christensen se equivocó por completo al dar un pase interior cuando su equipo se encontraba en disposición de salir y lo peor de todo es que lo hizo ante un FC Barcelona que marca las diferencias a partir de la presión. El jovencísimo central danés regaló el esférico a Iniesta y este dejó en bandeja a Messi el 1-1.

El fallo de Christensen condicionó cómo encaró el tramo final el Chelsea.

El gol de la igualada del Barça tuvo su consecuencia en el partido y Conte encaró la recta final del choque de una forma muy concreta. El fallo de Christensen le hizo ver que con el 1-1 es posible que al cuadro blue no le baste en el Camp Nou para resistir, y con el cambio de Álvaro Morata por Pedro, Antonio Conte se lanzó a por la victoria sin perder la cabeza.

FOTO: Ben Stansall / Getty Images.