El City remontando el vuelo

A pesar de jugar en un horario inusual para lo que es la Premier y después de haber sido eliminados de la Champions, el Manchester City respondió muy bien como equipo y venció en Wembley al Tottenham. Los Spurs, que llevaban sin caer derrotados en su feudo desde principios de temporada cuando el Chelsea conquistó el mítico estadio londinense, sucumbieron ante un City que mandó en el partido pero que necesitó de la mano de Pep para corroborar un triunfo que puede hacer que hoy mismo sea campeón.

Sin Fernandinho ni Otamendi —este último en el banquillo—, el conjunto skyblue saltó al césped con Ilkay Gündogan de único pivote y David Silva y De Bruyne de interiores dentro del 1-4-3-3 de Guardiola. Delph volvió a ser el lateral izquierdo y con sus inclusiones al centro del campo actuando de cuarto centrocampista, el Man City empezó gobernando el encuentro a su manera.

El Man City pudo golear antes del descanso, pero volvieron a fallar como ante el ManU o el Liverpool el martes.

Los cityzens tuvieron mucho rato el esférico y lograron que cada envío hacia cualquiera de los tres jugadores que conformaron la línea de tres atacantes del City, recibiera siempre en ventaja y el Tottenham vio como en la primera mitad, el dominio y las ocasiones pertenecieron al equipo de Mánchester. Sané, Gabriel Jesus y Raheem Sterling se encontraron con que había bastante distancia entre los cuatro defensas de Pochettino (Trippier, Davinson Sánchez, Vertonghen y Davies) y su portero (Lloris), y con algunos buenos pases filtrados a la espalda de los dos centrales sobre todo, los de Guardiola pudieron haberle hecho un roto a los Spurs. Los dos primeros tantos de la noche —el de Gabriel Jesus y la jugada del penalti a Sterling— fueron un claro de ejemplo de cómo el City dañó al contrario.

No hacía falta que el Man City avanzase como bloque ni juntase demasiados pases para encontrar el hueco exacto por donde los Gündogan, Laporte o Silva podían conectar con los encargados de finalizar las acciones ofensivas visitantes. Y en menos de 25 minutos, e City ya ganaba 0-2. En que el Tottenham Hotspur se metiera de lleno en el choque y no se viese en la situación de tener que arriesgar en exceso en la segunda mitad, tuvo que ver Eriksen que trató de probar a Ederson, y en una llegada bastante aislada, los Spurs recortaron distancias.

El haber visto el encuentro perdido pero encarar el túnel de vestuarios a un solo gol del rival, serenó y reforzó a un Tottenham que completó sus mejores minutos en el primer cuarto de hora tras el descanso. Con Christian Eriksen más participativo y con la amenaza que supone ello sabiendo que Kane y Alli también estaban en el terreno de juego, el cuadro de Pochettino tuvo sus opciones de buscar el tanto de la igualada.

Guardiola selló el triunfo de los suyos cuando pasó a jugar con tres centrales.

Sin embargo, con Son Heung-Min ya en verde, a quien le tocaba mover ficha era a Pep Guardiola y con un cambio bastante atípico, el técnico catalán decidió a qué se jugaría en el último tramo del partido. Leroy Sané —al que se le vio más cansado y sin su habitual chispa— dejó su sitio a Nicolás Otamendi y el Manchester City varió de esquema. Del 1-4-3-3 pasó al 1-3-5-2, sumando un central más a su sistema y reordenó su medular colocando primero a De Bruyne, Gündogan y Silva y luego a De Bruyne, Gündogan y Bernardo Silva, con el español un peldaño más arriba.

Con esa modificación que se dio sobre todo a nivel de dibujo, el City terminó de cerrar el partido. Kevin De Bruyne dejó su sello —el de su propio equipo— al jugar con un punto más de libertad en la zona ancha y Sterling enterró cualquier amago de remontada spur con un gol de Sterling.