Firmino limpiando, Salah ejecutando

Hasta el día de ayer, se podía decir que Mohamed Salah estaba completando una campaña espectacular tanto a nivel visual como de producción goleadora. Sus encuentros en Premier, así como su eliminatoria frente al Manchester City le aseguraban un puesto entre los tres mejores futbolistas del año en Europa. Parecía que no precisaba nada más pero lo que sucedió ayer en Anfield fue un auténtico estruendo y el egipcio jugó un partido legendario en una de las citas más importantes de la temporada. El análisis excede a que produjera cuatro de los cinco tantos de su equipo ya que su concierto transmitió unas sensaciones solo al nivel de los dos extraterrestres mundiales.

En cuanto Klopp agarró el partido, Firmino y Salah hicieron el resto.

Jürgen Klopp y Eusebio Di Francesco se citaron en el templo red como los dos técnicos más influyentes en el devenir de sus equipos en estas semifinales de Champions y la primera mitad demostró, por momentos, de qué pasta están hechas las columnas tácticas de cada sistema. Anfield Road genera una atmósfera europea diferente, que puede distraer al más escéptico y que marcó los primeros veinte minutos de partido. Liverpool y Roma pisaron el césped y saltaron a un choque de transiciones, de ida y vuelta, en el que el cuadro inglés siempre se siente más cómodo que cualquier otro rival. La presión alta comandada por su tridente atacante y dos interiores –Oxlade y Milner primero, Wijnaldum y Milner después- de mucho vuelo para ahogar la salida romanista obligaron a los italianos a mutar en parte su plan. Las repetidas pérdidas ante la emboscada inglesa al intentar salir jugando por abajo fueron un aviso y a raíz de ello el conjunto visitante comenzó a alternar la salida raseada con el juego directo sobre un Dzeko que, en ese contexto, mantuvo una eficacia no al nivel de la que exhibió frente a Umtiti y Piqué pero sí suficientemente beneficiosa para su equipo. De nuevo, bajó todo lo que rondó su rango de acción y permitió que Nainggolan se hiciese grande corriendo hacia delante. Cada segunda jugada era ganada por los de Di Francesco, pues el doble pivote De Rossi-Strootman más el propio Nainggolan con Ünder por dentro generaban continua superioridad numérica frente al centro del campo red.

Así, la Roma consiguió pausar el partido, bajarle grados al termómetro y dominar desde la pelota con una personalidad notable. Los giallorossi comenzaron a asumir más riesgos ya que el juego sobre Dzeko le permitió subir metros y ganar altura en la figura de Aleksandar Kolarov. Y esto, contra Salah, Firmino y Klopp, fue un arma de doble filo. Con la Roma viviendo más arriba, cada pérdida allanaba el terreno a los perros de guerra de Jürgen. Y fue en el espacio entre carrilero –Kolarov- y central zurdo –Juan Jesús- donde Salah comenzó a percutir. El Liverpool dejaba a Aleksandar avanzar con pelota y, tras robo, el extremo egipcio disfrutó de numerosas situaciones de uno contra uno contra Juan Jesús. Los últimos minutos fueron de constante asfixia inglesa sobre la meta de Allison con el tridente local marcando el ritmo. Firmino, Mané y Salah completaron un partido en el que, en todo momento, alguno de ellos compensaba los movimientos de los otros dos. La labor aquí de Bobby fue crucial, saliendo de zona, acercándose a Mané para sacar a Manolas de sitio hacia la izquierda y permitir a Mo batirse en duelo individual siempre frente a su marcador y dominar el sector diestro del campo. Toda transición precisa de un punto de pausa y en este Liverpool es Firmino quien la pone. Y fue precisamente en el momento en que Klopp llevó el choque a su terreno cuando Salah lo mató. Cuatro jugadas, dos carreras al espacio, dos definiciones de súper crack y dos asistencias. Contra un rival que no quiso nunca conceder espacios, el ‘9‘ consiguió generarlos y el ‘11‘ se encargó de aprovecharlos.

Los minutos finales, con Perotti reenganchando a Dzeko y Nainngolan al partido, fueron una bomba de oxígeno para sobrevivir a Anfield.

Para este partido de ida, Di Francesco optó por línea de tres centrales y dos carrileros pero la defensa de cinco siempre sufre si la movilidad del ataque rival es tan extrema como la del Liverpool. El trío de velocistas aparecía por cualquier lado, sus movimientos siempre eran complementarios y en ese caos nadie rinde mejor que un equipo kloppiano. Sin embargo, la Champions siempre se guarda una carta y da una última vida a quien parece desahuciado. El tramo final de partido sirvió para demostrar que la media hora inicial y la eliminatoria frente al Barcelona no fueron casualidad para la Roma. Cuando el técnico italiano dio entrada a Perotti, este reactivó a Dzeko, que al fin encontró un socio en ataque. Ya sin Salah, el cuadro inglés pasó a un plan que rara vez suele funcionarle, intentando que los últimos diez minutos sucumbieran sin que sucediese nada. Y ahí demostró que no está confeccionado para ello. La Roma dejó Anfield con un clavo al que agarrarse y llegará a la capital italiana con una bala aún en la recámara. La vuelta será enormemente exigente para ellos, pues los de Klopp no se guardarán nada a sabiendas de su renta. Roma sueña con el precedente de hace dos semanas pero parece que Mo ha venido para quedarse.