El Betis menos Setién frente a Caparrós

En el derbi sevillano, el proyecto de Quique Setién aseguró su presencia en Europa sin necesidad de pasar por rondas previas, cosa que sí deberán hacer sus vecinos de la capital andaluza tras el empate cosechado entre ambos. Un empate sustentado en pos a dos aspectos tácticos que marcaron el devenir del encuentro: el planteamiento sin pelota de Joaquín Caparrós y la resistencia emocional de este nuevo Betis.

Los primeros diez minutos fueron de claro dominio bético pero en cuanto Banega constó en el partido, el Sevilla volteó las tornas.

Setién mandó un claro mensaje desde su once inicial y juntó probablemente el esquema más conservador del que disponía, con un equipo de mucho toque en el que exclusivamente Sergio León suponía un plus de profundidad. Por su parte, Caparrós volvió a repetir con la presencia de Roque Mesa en el puesto de mediocentro para acercar a Banega a zonas de mediapunta como sucediera en la época de Unai Emery en Nervión. El derbi comenzó con un Betis muy dominador, edificando esa superioridad inicial sobre su sector izquierdo. Con Joaquín pensando y Durmisi de socio, los verdiblancos martillearon varias veces el costado de Mercado y obtuvieron un temprano premio gracias a la enésima asistencia de su capitán y un tanto de Marc Bartra. El gol tuvo un efecto directo sobre ambos equipos y lo que se vislumbró sobre el césped desde ese momento hasta prácticamente el pitido final se escribió con un mismo guion.

Caparrós, que vio cómo su Sevilla apenas había hilvanado juego en el inicio del choque, alteró el posicionamiento de su medio campo para acercar a Banega a un Roque Mesa muy incómodo y con el argentino cerca del primer pase el Sevilla agarró la posesión. Desde ahí, el automatismo fue buscar a Sarabia en el cambio de frente para retener la pelota y permitir a los suyos ganar metros desde su figura. El Betis, como no podía ser de otra forma conocida su idiosincrasia futbolística, respondió con una presión alta que intentara ahogar a Ever pero con Guardado yendo arriba y los dos carrileros formando una línea tan adelantada con Javi García y Fabián, el cerebro sevillista encontró muchísimos huecos por delante para romper líneas a través de sus pases, pues la línea defensiva bética no acompañó siempre al resto del equipo, dejando un espacio muy suculento para que la técnica de Banega se cobrara ventajas. Sandro, Nolito y Sarabia recibieron en muchísimas ocasiones para medirse en el uno contra uno frente a los tres centrales y solo su falta de finura e inspiración privó al Sevilla del empate en el primer tiempo. El dominio visitante no se tradujo en peligro real.

Solo la escasa capacidad para producir arriba (a excepción de la de Ben Yedder) privó al Sevilla de la victoria.

Por su parte, el Betis, desde el gol, ni se acercó a la meta de David Soria. Si la presión que los verdiblancos realizaron se tornó bastante inefectiva, todo lo contrario sucedió con la de su rival. Nolito y Sarabia siempre defendieron muy cerrados para tapar tanto a Mandi como a Amat y con N’Zonzi y Banega apretando a Fabián y Javi García, la salida de pelota bética desapareció, pues ambos recibían siempre de espaldas y los de Caparrós no dieron opción a que girasen. Las pérdidas fueron constantes, así como la continuidad de posesiones sevillistas.

Si hasta el momento, el partido había mostrado una versión muy tibia de Roque Mesa, la segunda mitad trajó la activación del canario en el primer pase en cuanto el Betis aflojó la presión y ahí, con Banega pudiendo moverse con más frecuencia entre líneas, el Sevilla metió miedo en las inmediaciones de la meta local. Por supuesto, la entrada de Ben Yedder tuvo mucho que ver, pues el francés completó cuarenta y cinco minutos con gol, asistencia y la suma de sensaciones habituales. El Sevilla completó la remontada y nada hacía presagiar que el Betis pudiera voltear la situación. Para un equipo que ha hecho de la gestión del balón su seña de identidad, estar siendo dominado con él, en casa y por el máximo rival, debería haber sido una losa importante. Si Quique había conseguido reducir al mínimo los errores en salida de pelota y potenciar al máximo cada inicio raseado, el derbi fue una vuelta al mes de noviembre, y las pérdidas en campo propio se contaron una detrás de otra. El Sevilla compaginaba tanto la presión alta sobre los receptores béticos como un bloque medio que cortaba toda línea de pase y, ante ello, el Betis no tuvo respuesta. Pero, aunque ambas estrategias fueron efectivas y ejecutadas con mucho atino, los verdiblancos exhibieron una resistencia emocional digna de elogio. Se mantuvieron siempre en pie y esperaron su momento para hincar el mordisco final, pues si Joaquín Caparrós ya había quemado sus balas de banquillo, Setién aún disponía de la suya propia.

La entrada de Loren dio aire al ataque bético. Su impacto fue muy concreto pero determinante.

Loren Morón ya había entrado en la segunda parte con el partido empatado pero en cuanto su equipo le dio un mínimo el canterano marcó la diferencia. Sergio León había sido incapaz de aportar al ataque esa profundidad al espacio en el primer tiempo pero Loren, fresco de piernas, sí pudo. El joven delantero perdonó la primera que tuvo pero no la segunda. En uno de los pocos resquicios que el Sevilla dejó por dentro, Tello y Boudebouz aprovecharon para caer por dentro a espaldas de N’Zonzi y Banega en sus presiones, y con el ataque bético jugando de cara, un inteligente movimiento al primer palo de Loren amarró un punto para los suyos y aseguró la presencia directa del proyecto de Setién en la fase de grupos de la Europa League 2018-19.

(Foto: Fernando Ruso)