Nadie lo hizo, hasta que llegaron ellos

La Champions League es una competición compleja, particular, pero, sobre todo, especial. Guarda un encanto único, suyo. A veces incomprensible; otras, maravillosa. Y el Real Madrid de Zidane ha demostrado ser quien mejor la entiende. Milán en 2016, Cardiff en 2017 y Kiev en 2018 han sido testigos de primera mano, además de ser las ciudades donde el conjunto blanco ha decidido seguir grabando más grande sus letras en la historia de la Copa de Europa. Nadie había conseguido nunca ganar dos Champions League consecutivas hasta el pasado 2017, hasta que llegaron ellos; y sin ser suficiente, un año después, lo han vuelto a hacer. Esta vez, tras un partido que mostró a todos las distintas caras de la moneda del deporte: el llanto de una lesión, de un error; la sonrisa de una genialidad.

El fútbol es un deporte de detalles y momentos. Todo puede cambiar en un segundo, en una simple jugada. Y en Kiev tuvimos el ejemplo perfecto. Si la final nació con el protagonismo de un Liverpool desafiante, confiado en sus posibilidades a lomos de Mané, Firmino y Salah, que por instantes pareció atemorizar al Real Madrid con una gran presión y una pólvora ofensiva ya atestiguada anteriormente, llegados al minuto 25, la lesión de Salah cambió por completo el partido hasta devolvernos uno completamente distinto. A raíz de la lesión del egipcio, la presión del equipo de Klopp aminoró al paso que se fue alejando de la área del Real Madrid: de los nueve disparos con Salah en el césped, el Liverpool pasó a no realizar ninguno sin él en el primer tiempo. La entrada de Lallana no consiguió tampoco frenar el golpe moral para el conjunto red, que vio como con el paso de los minutos, a pesar de la lesión de Carvajal, el Real Madrid se adueñaba del partido activando su centro del campo y su banda izquierda a través de Marcelo. Los de Zidane consiguieron cambiar el rumbo del partido llevando el balón a campo del Liverpool, donde finalmente aparecía un gran Benzema entendiendo a la perfección los tempos de cada acción.

Por un instante, parecía que el Liverpool había desaprovechado su momento mientras el Real Madrid no había disfrutado aún del suyo. Sin Salah, Firmino se veía desconectado y todo en ataque dependía de Mané, que no terminaba de encontrarse tan cómodo en banda derecha como en la izquierda. En este contexto el Real Madrid tomó el dominio sin tanto miedo a la perdida como en los minutos iniciales del encuentro y empezó a encontrar sus ocasiones. Primero con un disparo al travesaño de Isco y posteriormente con el gol más sutil de Benzema tras un error en el saque de Karius. Sin embargo, el gol no derrocó del todo al Liverpool, que encontró en el rápido tanto de Mané minutos después su particular café matutino para volver al encuentro. El equipo de Klopp parecía haber conseguido no perder el tren de la final y reengancharse al partido, pero, minutos después, apareció una genialidad de Gareth Bale en forma de chilena (precedida de un centro desde la banda izquierda) que se convirtió en un nuevo golpe del que el equipo inglés no logró levantarse nunca por completo. La entrada del galés por Isco dotó de mayor pegada al equipo y, tras el 2-1, de mayor aprovechamiento de los espacios que el Liverpool empezaba a dejar en defensa. A pesar de un último intento de Mané que se topó con el palo, el Real Madrid encontró la comodidad en los minutos finales, donde con el rival acusado por el cansancio pudo sentenciar con un par de acciones a la carrera de Cristiano Ronaldo. Finalmente fue Gareth Bale, con un disparo en el que, otra vez, Karius no estuvo del todo acertado, el encargado de cerrar la final que vuelve a situar al Real Madrid en lo más alto del fútbol europeo por tercer año consecutivo.

El fútbol tiene algo de injusto, como las lesiones de Salah y Carvajal. De maravilloso, como la chilena de Gareth Bale. Y de triste, como las lagrimas finales de Karius pidiendo perdón a su afición. También de inexplicable, como la propia Copa de Europa. Y no hay club que la comprenda mejor que el Real Madrid. Es su hábitat natural. Se conocen a la perfección. Y ya son tres años consecutivos en los que nadie ha podido separarles de ella. Cuatro títulos de los últimos cinco. Trece en total. Nadie más que ellos puede decirlo: el Real Madrid. Historia de este deporte.

 

FOTO: Reuters