Diversión inicial, prisa final

Está siendo un mundial sorprendente, un tanto raro. Divertido. Nadie impone su dominio, los partidos se deciden en los minutos finales y las selecciones más candidatas al triunfo no ganan. No, al menos, en su debut. Ni Alemania, ni España, ni Argentina lo consiguieron. Ni tampoco Brasil que, en su estreno en tierras rusas, se tropezó con un empate ante Suiza tras un partido en el que les dio tiempo tanto a dar miedo a sus rivales como también a dejarse llevar y perderse por las prisas.

Los primeros minutos del estreno brasileño en Rusia fueron una simple muestra de lo que puede llegar a ser Brasil en este torneo. Quedó claro desde el inicio que la creatividad del combinado brasileño recae, casi en exclusividad y debido también a la lesión de Dani Alves, en su banda izquierda, seguramente la más talentosa del torneo, con Marcelo, Coutinho y Neymar. El lado izquierdo aparecía como salida y lugar de elaboración del juego carioca, incluso también como punto de finalización en muchos momentos, como por ejemplo en el único gol de la noche de Brasil. Marcelo y Coutinho llevaron el tempo del juego desde un inicio, decidiendo cuándo ralentizar o acelerar, cuándo tocar o girarse y verticalizar. En esto último también estuvo muy partícipe Neymar al principio del encuentro aunque en ciertos momentos se le viera algo faltó de frescura debido a su última lesión como también a un intenso y aplicado marcaje de Berhami. Mientras tanto, en el lado opuesto, Willian como Danilo cumplían con la misión de abrir el campo para justamente al recibir, generar y crear miedo a la defensa suiza, que no podía obviar ninguna de las dos bandas del ataque brasileño.

Brasil disfrutó y se divirtió en sus primeros minutos en este mundial, mostró el gran talento que dispone en posiciones ofensivas e incluso le dio tiempo a descubrirnos algunas de sus otras armas como la llegada desde segunda línea de Paulinho, que cerca estuvo de premiarle con un gol, sin embargo, una vez llegado el primero tanto, Brasil pareció olvidarse del disfrute inicial y se vio resignado a ver como el combinado suizo gozaba cada vez de más balón, no con excesivo peligro, hasta que llegara el empate en el segundo tiempo a balón parado. Un gol que pilló a Brasil totalmente a contra pie, pues tras él no supo reaccionar, careciendo de la magia inicial y de ideas. También de ocasiones.

Tite buscó cambiar la dinámica desde el centro del campo dando entrada a Fernandinho por Casemiro -una vez más, clave a la hora de sostener el entramado de talento que posee Brasil en situación ofensiva- y a Renato Augusto por Paulinho, al que vio diluirse su impacto en el segundo tiempo, pero Brasil no logró nunca recuperar las sensaciones del inicio. A pesar de ello y debido también al cansancio suizo, sí pudo en los minutos finales volcar de nuevo el campo hacia la portería de Yann Sommer y, con la última aparición de Firmino por un discreto Gabriel Jesús, reencontrarse con las ocasiones. Sin embargo, ante el paso de los minutos las prisas inundaron el ataque brasileño, deparando toda opción a victoria a un toque de genio o a cualquier rechace valioso en área rival -cerca estuvo de traducirse en gol un balón rebotado del área suiza que disparó Miranda- que nunca terminó de convertirse en el 2-1.

El camino que una selección traza hacia su triunfo final en un mundial está, a veces, guionizado por los altibajos como también por la pulcritud de una línea recta en constante progresión. Hoy, Brasil pareció emprender el camino de los primeros: se dejó llevar desde un inicio por la inspiración de su banda izquierda, pero con el paso de los minutos se perdió movido por las prisas y el resultado, aunque cerca estuvo de remediarlo al final. ¿El primer desenlace? Un empate. Pero quién sabe, se trata de Brasil.

 

FOTO: Cadena Ser / GETTY IMAGES