El toro que llegó de Stuttgart

Un Mundial siempre pone a prueba a jugadores muy diversos. Los mejores buscan imponer su jerarquía y los menos conocidos se presentan como nunca podrían hacer de otra manera. También existe otra categoría. No son exóticos pero tampoco son, aún, los líderes de sus potencias. Podríamos hablar de Mbappé en la Francia de Griezmann, de Guedes en la Portugal de Cristiano o de Werner en la Alemania de Kroos. Los tres debutan en una cita mundialista y, en este caso, nos detenemos en el ‘9’ de Alemania, la vigente campeona. No solo por la responsabilidad que le otorga estar en la selección que defiende título o la historia de ese puesto, sino por las propias condiciones de un jugador que en las dos últimas temporadas se ha vuelto irresistible. Que ha cautivado en esa lanzadera de juventud y talento que está siendo el Red Bull Leipzig dentro del fútbol alemán.

Eso sí, este delantero, un toro por su potencia e insistencia, tiene su origen en Stuttgart. Ahí nació y ahí saludó a la élite. Lo hizo en 2013 y, recordemos, se convirtió en el jugador más joven en debutar y en marcar con el equipo de casa. Pero el club ya estaba alejándose de sus mejores años. De aquella Bundesliga en 2007 o sus participaciones en Champions League. Así, en 2016 el equipo descendió y fue entonces cuando Werner se marchó a un RB Leipzig que recorría el camino contrario y ascendía. Hay momentos decisivos y decisiones oportunas que solo distingues con la perspectiva del tiempo. Y el tiempo ha demostrado el acierto de Werner.

Werner, potente y certero, castiga al espacio y en el área

En Leipzig encontró el escenario adecuado, uno en donde encajar y proyectarse. Y es que el estilo de transiciones rápidas con Ralph Hasenhüttl, atacando los espacios, ayudó a redimensionar a Timo. Potente a la carrera y certero en el remate, explotó (21 goles) siendo uno de los motivos del éxito de un equipo que fue una de las sensaciones de la temporada 16/17 en toda Europa. La recompensa fue su estreno en la selección absoluta. Con Alemania, por cierto, volvió a Stuttgart entre aplausos. Y marcó, claro. Ya, en la Copa Confederaciones, globalizó su talento.

Alemania, con una selección alternativa, se llevó el torneo y aún le dio para formar una Sub-21 campeona de Europa y una Sub-17 que perdió en semifinales, por penaltis, en el Europeo de la categoría. Werner se llevó la bota de oro de la Confecup por sus 3 goles y sus 2 asistencias, una de ellas en la final contra Chile. Fue uno de los principales exponentes del envidiable ramillete alemán de jugadores. Posiblemente solo España le iguale en cuanto a la capacidad de regeneración, sin olvidarnos de una Inglaterra rejuvenecida que también está a la vanguardia en categorías inferiores.

El ‘9’ llega como la sucesión de Klose y la evolución de Mario Gómez

Werner ya resonaba fuerte. Era un sonido de percusión. Se había presentado y era muy difícil negar la atracción. Timo, intenso, activo y atento, es devastador cuando puede correr. Lo sabe y lo busca. En los amistosos de los últimos meses, lo demostró con gol ante Francia. Ante España no dejó de tirar desmarques a las bandas, al espacio libre a la espalda de los laterales. Y su selección sabe que ahí tiene una salida ganadora y novedosa. El jugador de Stuttgart representa a la nueva Alemania, esa que con naturalidad se entrelaza con una selección aún vigente y campeona.

Incluso su posición ejemplifica el proceso de modernización. Werner supone la conversión de un modelo. Alemania ha ido ganando sofisticación y un delantero como Mario Gómez es un vestigio de otra época que, en esta, perdura como recurso. Así llega Werner a Rusia 2018. Como sucesor del máximo goleador histórico en los Mundiales, Klose, y evolución de un ‘9’ clásico. En él confía Löw, a los mandos de una Alemania que forma parte de las favoritas para ganar el Mundial. Si triunfa, una selección encadenaría dos títulos por primera vez desde la Brasil de Pelé o Garrincha (58 y 62). Un reto enorme que ahora embiste Timo Werner.

(Foto: Getty Images)