El zigurat de Queiroz

Por números, el Team Melli ha sido la mejor asiática en el proceso clasificatorio para el Mundial. Superaron dos fases de grupos de manera invicta tras dieciocho encuentros, habiendo ganando doce. Omán, Turkmenistán, Guan e India no fueron rival en la primera fase; pero tampoco Uzbekistán, Siria, Catar, China o la mundialista Corea del Sur (0-0 en Seúl y 1-0 en Teherán) pudieron derrotar a las Estrellas Persas. Celebraron 36 tantos y sólo encajaron cinco. En la fase decisiva (3ª ronda), con rivales de mayor enjundia: diez a favor y dos en contra. Con asterisco estos goles porque fueron en la última jornada ante Siria cuando ya no se jugaban nada los locales. Además, su delantero titular Sardar Azmoun acabó, con 11 tantos, como uno de los máximos goleadores de la zona AFC.

Además, parte de la columna vertebral de los persas ya saben lo que es jugar una Copa del Mundo. Aparte de contar con once jugadores en ligas europeas, de la participación en Brasil 2014 repiten siete integrantes: Pejman Montazeri, Ehsan Hajsafi, Ashkan Dejagah, Karim Ansarifard, Reza Goochannejhad, Alireza Jahanbakhsh, y el eterno Masoud Shojaei, que también estuvo en el torneo de Alemania hace doce años. Siete más Queiroz. El técnico portugués con pasado en el Real Madrid y Manchester United intentará mejorar el rendimiento de Irán 2014 cuando estuvo a segundos de llegar a la última jornada con opciones sin haber marcado un solo tanto. Tras el 0-0 ante Nigeria, solo un libre directo de Messi en el descuento privó al Team Melli (selección nacional) de igualar sin goles ante Argentina. Cuatro años después, el reto de Irán ante Marruecos, España y Portugal (por ese orden) parece más complejo.

Un equipo de mínimos

Sin embargo, a la selección que dirige Carlos Queiroz desde hace más de siete años (con un breve impasse de días), uno no termina de confiar en ella. Por un lado, por el duro grupo en el que estará; otro, porque sus argumentos no son tan sólidos una vez sale de Asia. Es cierto que la idea permanece intacta: conseguir cerrar la portería que siempre defiende Beiranvand (por lo que más destaca es por su saque largo con el brazo, importante en los contraataques) y encontrar alguna jugada en la que se despiste el rival; ya sea a balón parado (incluso en los saques de banda que “centra” Hajsafi) o verticales transiciones. En la 3ª ronda, Irán empató a cero en tres visitas; mientras que cuatro de sus seis victorias fueron por 1-0.

Tampoco quiere decir que sea una selección ultra-defensiva; más bien logra que no pasen cosas en las áreas. Para empezar, hay que explicar que Queiroz ha girado en los amistosos post-clasificación hacia un 4-3-3, dejando de lado el 4-2-3-1 con un doble pivote más marcado. Lo normal, una vez empiece el Mundial es que Irán se disponga en un 4-5-1 en fase defensiva, pero intentando mantener una altura media. Curiosamente, es una selección a la que no se le da mal la presión arriba en determinadas ocasiones pues hasta su mayor estrella, Jahanbakhsh (viene de ser el máximo goleador de la Eredivisie con 21 goles para el AZ), se desfonda en cada encuentro. Irán será una selección abatible, pero dura de superar. En general, la plantilla se siente más cómoda sin balón que con él, aunque alguna pieza, como Ezatolahi, Ansarifard o el propio goleador del AZ Alkmaar (siempre partiendo desde la banda derecha) aporten más cuando su equipo tiene el esférico.

Queiroz deberá decidir entre el doble pivote y el 4-3-3

Un aspecto positivo del seleccionador nacido en Mozambique es que tiene un once bastante dibujado. Alireza Beiranvand (Persepolis), ágil bajo palos pero con problemas en los despejes, es el dueño bajo palos. En defensa, Ramin Rezaeian (Oostende) y Milad Mohammadi (Akhmat Grozny) ofrecen recorrido en los laterales; mientras que Morteza Pouraliganji (central de corte físico que se precipita en ocasiones) aún no ha encontrado una pareja sólida. Se ha quedado fuera el veterano Jalal Hosseini, importante durante la fase de clasificación, por lo que el otro central saldrá de entre Montazeri (Esteghlal), el joven Majid Hosseini (1996, Esteghlal), el también lateral derecho Khanzadeh o Rouzbeh Cheshmi, aunque particularmente se ha desenvuelto mejor como pivote. Ayudando a los cuatro zagueros estará Saeid Ezatolahi en el pivote, seguramente por delante de Masoud y el propio Cheshmi. Con pasado en la cantera del Atlético de Madrid, el actual jugador del Amkar Perm (1996) es uno de los jugadores más finos. En los interiores, el todoterreno Hajsafi (también puede ser lateral izquierdo) será un fijo, mientras que el otro saldrá de la terna entre el veterano Dejagah, otro jugador de corte fino pero más intermitente como Ansarifard (Olympiacos) o uno más defensivo como Omir Ebrahimi (Esteghlal).

En la delantera, Reza Ghoochannejhad (Heerenveen) es suplente de Azmoun, goleador del equipo. El punta en este equipo suele tener poca participación, quizás demasiado poca; aunque ambos pueden (y deberían) aumentar sus prestaciones entre líneas. En la banda derecha encontramos a su jugador más diferencial, Jahanbakhsh, mientras que en la izquierda parece que Mehdi Taremi (Al Gharafa catarí) se ganó el puesto gracias a sus goles (7), su poco ortodoxo dribbling, el desgaste y su verticalidad. Desde el banquillo, el zurdo Amiri o el diestro Saman Ghoddos (Östersunds) pueden ser soluciones; pero esta no lo podrá ser el joven del Charleroi belga Ali Gholizadeh, que finalmente se quedó fuera a pesar de su buen partido ante Uzbekistán como lateral izquierdo primero y extremo derecho después. Irán no promete enamorar a nadie, ni es su intención. Como lo fueron las antiguas y poderosas construcciones sumerias y asirias, no deberá ser sencillo derribar el zigurat de Carlos Queiroz. Al menos, hasta que el favorito abra el partido.

(Foto: El Comercia de Perú – www.elcomercio.pe)