Regeneración a la uruguaya

Enzo Francescoli, Wilmar Cabrera, Álvaro Recoba, Abreu, Luis Suárez, Edinson Cavani, Diego Forlán, Paolo Montero, Diego Godín, Diego Lugano, Maxi Pereira… Esta lista de nombres y apellidos de futbolistas no está hecha al azar ni es síntoma de una locura momentánea. Todos los jugadores que aparecen en ella contienen algunas características similares, o mejor dicho comunes, y sirven para identificar un problema enraizado durante años y que en estos momentos comienza a ver la solución en lo que podríamos denominar una auténtica regeneración uruguaya.

El primer punto en común de los futbolistas nombrados anteriormente reside en su nacionalidad. Con la sangre celeste de Uruguay corriendo por sus venas, estos príncipes han sido los protagonistas de sus respectivas generaciones, guardando una gran similitud que podría escaparse a los ojos de cualquiera en una primera y rápida visión. Y con razón podréis pensar, ¿qué tienen en común Paolo Montero y Enzo Francescoli?, o ¿Álvaro Recoba y Diego Lugano? Pues en la forma nada, obviamente. Pero indagando algo más en el fondo, encontraremos un problema que ha lastrado y limitado seguramente las opciones de que Uruguay no haya dado ese paso final en los campeonatos.

Todos los nombres que forman parte de esa lista son gente de extremos que no entiende de posiciones intermedias. Delanteros talentosos, grandes finalizadores y goleadores por instinto y defensores aguerridos, llenos de bravura y de orgullo nacional, jugando siempre con el corazón agarrado fuerte a la mano y sin soltarlo.

El medio del campo ha sido el punto débil de las últimas generaciones en Uruguay.

Ninguno de estos jugadores que han marcado y que siguen marcando una gran generación se corresponde con mediocentros. En los últimos años la selección uruguaya ha conseguido estar siempre presente en las fases finales de las grandes competiciones, siendo protagonista pese a contar con un gran punto débil. El medio del campo ha sido un poco el terreno desierto en cuanto a calidad técnica se refiere, sin encontrar con claridad controladores de partidos a través de la posesión, jugadores que traten de calmar y contemporizar un encuentro con el balón favorable a través de la paciencia. En lugar de esto, el medio del campo se había nutrido de futbolistas con 4 pulmones, capaces de abarcar grandes áreas del terreno de juego gracias a su gran capacidad física, grandes recuperadores del balón que, sin embargo, fallaban a la hora de iniciar la circulación y que preferían la tempestad de la verticalidad antes que la calma del tacto con el esférico.

Y esto lo demuestra la última lista que el seleccionador uruguayo, Óscar Tabárez, realizó en el pasado Mundial de Brasil 2014. Arévalo Ríos, Gargano, Diego Pérez, Álvaro González, Álvaro Pereira, Cristian “el cebolla” Rodríguez, Gastón Ramírez y Lodeiro. De todos esos centrocampistas seleccionados tan solo Lodeiro está dotado con el gen de la creatividad y junto a Cristian Rodríguez, por aquel entonces en el Atlético de Madrid, trataban de poner criterio a la hora de arrancar con el esférico favorable y raso, entendiendo que mantener el balón significa tener mayores minutos de descanso, favoreciendo el cansancio del rival.

Un problema que está comenzando a solucionarse

Pero este problema está comenzando a ver la luz al final del túnel. La nueva generación de mediocentros charrúas está viendo el nacimiento de futbolistas que aúnan varias características que pueden ser definitorias en un torneo tan rápido como los mundiales. Como comienzo de la historia, únicamente Cristian Rodríguez repite en la convocatoria de medios uruguaya. Nombres como Vecino, Betancur, De Arrascaeta, Diego Laxalt, Naithan Nández, Lucas Torreira, Carlos Sánchez o Urretaviscaya, protagonizan la posible solución al problema que durante un largo período han tenido las listas de Uruguay. El físico, el poderío, la bravura y la intensidad, se han alineado junto a la calidad técnica, la apuesta por el balón en raso, el riesgo del primer pase que rompe líneas, la paciencia y las ayudas a los delanteros con continuas llegadas sorpresivas.

Faltaba el enlace perfecto a una delantera de ensueño formada por Suárez y Cavani.

Si bien los delanteros uruguayos suelen ser talentosos y con un tremendo olfato de gol, sus apariciones solían estar protagonizadas por la soledad del marinero: ellos confiaban en sí mismos pero necesitaban a alguien que les mantuviese atentos en el partido y con opciones claras de ver puerta. La buena solución a esto la ha detectado Tabárez, en un ejercicio inteligente y brillante de regeneración conceptual y futbolística.

En un posible análisis por algunos de los nombres podemos detectar estas diferencias tan significativas y notorias. Matías Vecino es un jugador “box to box”. Su potencia con el balón controlado y su enorme zancada le permiten siempre robar y salir hacia arriba, convirtiéndose en un buen llegador desde segunda línea. Pese a que la técnica no es su punto fuerte, su trabajo fuerte en la recuperación y su intensa entrega le hacen convertirse en un fijo. Señal de esa falta de técnica son los excesivos toques que necesita para sentirse cómodo pero que lo convierten en un buen ‘todocampista’, un interior con alma de todo. Sus tres goles conseguidos acreditan esa faceta de llegador, obteniendo frente a la Lazio, el tanto que le permite al Inter disputar la siguiente edición de la Champions League. Unos de los veteranos en cuanto a edad se refiere, del mediocampo de los charrúas para Rusia.

Rodrigo Betancur también puede contar con un gran papel dentro de esta selección. La confianza mostrada por el técnico demuestra que el mediocentro de la Juventus tiene algo especial, ese gen tan necesario. Elegante en la conducción y en el control, cuenta con un gran físico que le permite disputar buena parte de los balones. No es un llegador pero sí un jugador que implica control y paciencia, pese a que sus 21 años le hacen cometer a veces errores groseros en la elección correcta del pase, siendo el mayor problema de este mediocentro. Un jugador inteligente dotado de técnica y sin faltar al sacrificio.

Vecino y Nández aportan poderío físico mientras que De Arrascaeta, Torreira o Betancur ofrecen alternativas con balón.

Otro de los nombres destacados por su diferencia con el pasado uruguayo es el de Lucas Torreira (22 años). El menudo mediocentro de la Sampdoria, no encuentra en el escaso metro setenta de su estatura una dificultad sino un beneficio. Su potente tronco inferior le otorga una potencia y una rapidez en el robo y en la anticipación impropias de muchos pivotes defensivos, altos y atléticos. Lucas ofrece intensidad en la presión defensiva: carácter, garra y con el toque justo de agresividad bien entendida. Se convierte siempre en la primera opción de pase desde los defensores, siendo un controlador de partidos. Su primer toque provoca rapidez y verticalidad en las jugadas aunque esto lo combina con la paciencia del gusto por el toque, haciendo que sus equipos se muevan rápido. Además, cuenta con un buen desplazamiento en largo y pese a que no es un llegador nato, su disparo puede causar problemas a los guardametas.

La ausencia de Nico Lodeiro, deja paso al talento de Giorgian de Arrascaeta. El mediapunta nacido en Nuevo Berlín y ex jugador de Defensor, disputa ahora el campeonato brasileño de la mano de Cruzeiro. Un ‘10’ dotado de técnica, habilidad y descaro, sin miedo al regate y con la suficiente sangre fría para la toma de decisiones, ya sea para anotar un gol sentando al portero o para tirar un caño cuando la opción más asequible era ejecutar un pase. Ese talento de los genios. A diferencia de los anteriores, Giorgian cubre los metros finales más cercanos al área, moviéndose por todo el frente de ataque. De hecho, en esta temporada en Brasil, en 11 partidos ha conseguido anotar 3 goles y 3 asistencias, dando buena cuenta de su capacidad creadora. Una joya en bruto este diestro de 24 años.

Pero a este talento se unen otros nombres de gran despliegue físico como el de Naithan Nández. El interior de Boca corresponde con el perfil de jugador que se identifica en Vecino. Un jugador de brega, entrega, agresividad y pasión, con mejor y más asidua llegada que Matías gracias a, entre otras cosas, su menor envergadura, lo que le permite tener una punta de velocidad mayor para entrar por sorpresa. No ejecuta sus acciones con muchos toques, él prefiere recuperar, desahogar y correr hacia posiciones ofensivas como elemento sorpresivo en fases ofensivas.

Talento ofensivo y sacrificio defensivo se unen en esta nueva generación de medios, en perfecto equilibrio.

Centrocampistas todos con características diferentes pero complementarias, que le permitirán a Uruguay contar con un plan mucho más amplio y mayor. Un abanico de posibilidades que no aislará tanto al talento ofensivo y a la garra defensiva y que tratarán de equilibrar al equipo con más toque y paciencia, uniendo estas características a valores arraigados en el fútbol uruguayo como son la perseverancia, la entrega y la pasión. Las novedades y la juventud también apuntan a la delantera con la convocatoria del jugador del Celta de Vigo, Maxi Gómez, autor de 18 goles y 5 asistencias en su primer año en España, convirtiéndose en el mejor debutante goleador de la historia del conjunto vigués.

Un equipo ilusionante que prepara su desembarco en Rusia con sueños como el del ‘Maracanazo’. Obdulio estaría orgulloso de esta generación de mediocentros, jóvenes, versátiles y atrevidos. Un equipo capaz de luchar por todo, una mezcla perfecta de veteranía y aire fresco. Veremos qué tal le va a los charrúas pero la pinta, sin duda, es esperanzadora y espectacular. El mejor enlace entre delanteros y defensores está propuesto y ahora solo falta que la conexión haga la chispa necesaria para brillar.

Fuente de imagen: BolaVip.com