Shaqiri para rentabilizar

Las sensaciones que ha dejado Suiza en estas dos primeras jornadas han sido muy buenas. Empate contra Brasil, una de las grandes favoritas, y victoria ante Serbia, a quien muchos catalogaban como clara candidata a ser la revelación de este Mundial. Resultados que le permiten llegar a la última jornada del grupo dependiendo de sí misma, donde se enfrentará a una Costa Rica ya eliminada. Pero más allá de los resultados, lo más importante es esa sensación que trasmite el combinado helvético de estar capacitado para competir contra las mejores selecciones.

Esa capacidad competitiva se ha cimentado, principalmente, sobre un gran rendimiento defensivo desde el punto de vista colectivo. Ordenado en fase defensiva en un 1-4-4-2 es un equipo correoso, difícil de superar línea por línea y al que cubre las espaldas un Yann Sommer que pasa por un buen momento de forma. Dentro de ese entramado defensivo está teniendo especial relevancia todo un veterano como es Valon Behrami, realizando un gran trabajo en lo individual -secó casi por completo a Neymar en el debut- y suponiendo un claro elemento competitivo para su equipo desde el centro del campo. Pero dicho rendimiento defensivo está siendo, o más bien debe ser, rentabilizado por Xherdan Shaqiri.

Si bien es cierto que el rendimiento defensivo del equipo dirigido por Vladimir Petković está siendo notable, es en ataque donde el equipo hace aguas. Con una circulación de balón lenta, con ausencia tanto de un delantero de garantías como de un mediapunta capaz de generar ocasiones mediante el pase -Dzemaili contesta más al prototipo de mediapunta llegador- los ataques helvéticos tienden a ser bastante monótonos. Una monotonía que sólo rompe el propio Shaqiri, quien, pese a partir del costado derecho goza de absoluta libertad en el esquema suizo, está siendo el elemento más diferencial del conjunto suizo. Esos ataques monótonos y previsibles sólo cambian de ritmo cuando el jugador del Stoke City logra intervenir por el carril central y en alturas lo más cercanas posible a la frontal del área, donde él es más determinante. Ahí el jugador del Stoke acelera los ataques helvéticos ya sea mediante la conducción, la finalización, el último pase o ya simplemente dando continuidad a la posesión, mostrándose bastante acertado a la hora de seleccionar una u otra opción. Y esas recepciones a la espalda de los mediocentros rivales están teniendo lugar por dos vías. Una consiste en la conducción del propio Shaqiri, ya sea bajando a recibir o partiendo desde la banda, buscando esas zonas por el carril central donde puede marcar la diferencia. Y otra siendo el propio equipo quien le encuentre en dichas posiciones. La primera es la que se da con mayor frecuencia, mientras que la segunda es la que más beneficiaría tanto a Suiza como al propio Shaqiri.

Por ello, por lo poco amenazante que es la circulación helvética si no interviene Shaqiri y por lo acertado que se encuentra éste, Suiza debe encontrar la manera de acercar al jugador del Stoke al sector del terreno de juego donde él es de verdad desequilibrante. Y, sobre el papel, el combinado dirigido por Petković cuenta con medios más que suficientes para hacerle llegar el balón, pero estos no lo están consiguiendo. Con una pareja de centrales con tan buen trato de balón como es la formada por Fabian Schär y Akanji, ambos más que capacitados para conectar directamente con la mediapunta mediante un pase vertical, y un centrocampista tan preciso en el pase como Granit Xhaka; no deja de sorprender que en ocasiones sea el propio Shaqiri quien, ante las dificultades de que el balón llegue a tres cuartos, retrase considerablemente su posición. Y esto sucede por la falta de una figura intermedia, de alguien que reciba entre líneas a una altura media a fin de entrelazar la base de la jugada con el último tercio de campo. Con Schär y Akanji muy abiertos y Behrami incrustándose entre ellos para lanzar a los laterales a campo contrario, Xhaka juega muy cerca de esa línea de tres sin suponer una línea de pase con la que romper una línea defensiva del rival. Y, cómo ya hemos dicho, Dzemaili, quien está actuando como mediapunta, es un jugador mucho más enfocada a la finalización que a la creación provocando así que entre las figuras de tres cuartos de campo y la base de la jugada haya demasiados metros, dificultando la recepción de los primeros en dichas zonas del terreno de juego. Eso es lo que provoca que Shaqiri a menudo reciba tan cerca de la base de la jugada, o más bien que el equipo le cueste tanto encontrarlo en el último tercio. Y eso es algo que tiene que solucionar Petković, porque nadie está más capacitado que Xherdan Shaqiri para rentabilizar el buen hacer defensivo del equipo.

(Foto: EFE)