Silencioso eurocampeón

En verano de 2016 Portugal se alzó sobre el resto como campeona de Europa en un torneo de desarrollo complejo de analizar pero en el que Fernando Santos tuvo un papel fundamental. Hoy, dos años después, la evolución que el seleccionador ha gestado en su equipo es digna de mención. Los lusos llegan a Rusia más fuertes, más experimentados y con verdadero talento ofensivo por primera vez en años –más allá de Cristiano Ronaldo-. Sin embargo, como sucediese en Francia hace 24 meses, los titulares de prensa guardan silencio respecto a ellos cuando citan a los favoritos de cara a añadir estrellitas en sus escudos. En el torneo de futbolistas por excelencia, Portugal es un colectivo muy rodado que añade a una leyenda en modo dominador.

Portugal es un equipo flexible, que sabe ocultar bien sus carencias y allanar el camino a sus virtudes ofensivas.

El último año del preparador lisboeta ha sido clave para que el cuadro luso haya arribado al Mundial como primera de su grupo de clasificación, tras un inicio algo tortuoso. Fernando ha apostado por mutar su sistema hacia un 4-4-2, consiguiendo paliar algunas de las deficiencias que, aun habiéndose convertido en campeona europea, traía vigentes. Si el rival cerraba filas cerca de su meta y obligaba a Portugal a exhibir su ataque posicional, los graves problemas para iniciar juego y para potenciar a su estrella, hacían saltar las costuras. El equipo adolecía de una salida de pelota poco cuidada y de escasa sensibilidad en tres cuartos. Y son precisamente estos dos aspectos los que, desde la pizarra y gracias a la aparición de ciertas individualidades, Santos ha conseguido solventar de forma notable.

Para explicar el primero es necesario comenzar hablando de la figura de William Carvalho. El combinado luso habla un lenguaje de ritmo bajo/medio, motivado –entre otras razones– por las características del futbolista de su primer pase. Carvalho es un mediocentro técnicamente más dotado para el pase de lo que aparenta pero cuya gestualidad corporal es de lentitud marcada y cuyos movimientos siempre se toman segundos de más. Sin embargo, por la evolución que ha experimentado el equipo de la mano de Fernando Santos, en la práctica el problema se minimiza. La ausencia de mediapunta en el esquema provoca que su doble pivote no tenga que romper líneas mediante el pase, ya que son los carriles exteriores los que hacen a Portugal ganar metros. Así, la salida de pelota solo precisa de encontrar al hombre libre en banda y desde ahí, entre lateral, extremo y las caídas de Cristiano o André Silva, crear superioridad.

Bernardo Silva y André Silva, desde sus individualidades, han sido una solución táctica permanente.

En cuanto a la carencia de calidad para hilvanar acciones ofensivas diferenciales cuando el oponente cierra espacios, la irrupción y acomodación de Bernardo Silva en el once ha sido la mejor noticia para el colectivo. Con el ‘citizen’ recibiendo en el sector centro-derecha sus gestos técnicos se encuentran perfectamente perfilados para buscar a André Silva –el ariete más próximo a él– en el apoyo corto o a Ronaldo en el área. Bernardo ha supuesto el plus necesario en cuanto a creatividad y poso con pelota. Con él en el flanco derecho y previsiblemente con João Mário en el siniestro, pero con las cartas de Guedes y Quaresma desde el banquillo, más la llegada desde atrás de Guerreiro y Cédric, la posibilidad de finalizar jugadas desde banda y dinamizar así a Cristiano es una realidad más que plausible. Portugal es una selección eminentemente exterior que hace del centro lateral y del pase atrás una arma de verdadero potencial.

De esta forma, Portugal cuenta con más veneno que nunca para dañar a cualquier rival. Y si es Bernardo Silva el que ha conformado el perfil sobre el que edificar cada ataque, André Silva es quien da sentido al fondo, pues gracias a él Cristiano Ronaldo ha encontrado finalmente al mejor socio posible. El delantero del Milan cumple con todo lo que el crack portugués necesita para rendir cerca de su techo, ya que conforma un perfil de atacante que combina movilidad y caídas de espaldas con presencia en el área, provocando que los centrales repartan sus focos de atención y Cristiano se libere. El madridista llega tras dos años como total protagonista en las grandes citas y, como se ha dicho, en un torneo de futbolistas su figura emerge más que nunca por su descomunal martillo goleador.

Una nueva gran versión de Pepe elevaría las posibilidades portuguesas.

Dicho esto, se puede deducir que el conjunto luso es capaz de encontrar con relativa facilidad situaciones de gol, a pesar de las características particulares de su plantel. No se trata, ni mucho menos, de una selección sobresaliente en ninguna fase del juego pero ante cualquier rival puede oler sangre pues ahora sí sabe obtener verdadero rédito de sus virtudes. Es por ello que seguramente sea su concurso defensivo el que marque el devenir en este Mundial. Las temporadas de Rui Patricio y Pepe les avalan como los pilares sobre los que edificar la resistencia para que, de nuevo, Portugal pueda dar el susto en Rusia. Una gran cita en la que, aun acudiendo con la último corona europea, aguarda en silencio su momento.

(Foto: Getty Images)