Brasil, solidez y magia

Brasil asusta. Apenas queda rastro de lo que aconteció hace cuatro años en el propio país brasileño ante Alemania, es más, da la sensación de que aquella catastrófica noche les hubiese servido para nacer de nuevo y mejor. Tras la llegada de Tite, Brasil se ha convertido en un combinado tan sólido como imaginativo y talentoso. Todo, resumido en su partido de octavos de final ante México: lograron mantenerse a flote ante los momentos de envestida mexicana y, en cuanto pudieron, decidieron la eliminatoria con los golpes de genio que les caracteriza. En esta ocasión, un tacón de Neymar y un cambio de ritmo de Willian fueron suficiente. Como también hubiese podido serlo antes un recorte del propio diez de Brasil que detuvo, sin embargo, Ochoa. En resumidas cuentas, Brasil volvió y vuelve a dar miedo.

Brasil logró mantenerse a flote ante los momentos de envestida mexicana y, en cuanto pudo, decidió la eliminatoria con los golpes de genio que les caracteriza. En esta ocasión, un tacón de Neymar y un cambio de ritmo de Willian

Sin embargo, el partido empezó de forma tan distinta como que era el mismo combinado brasileño quien parecía asustado y aturdido ante la valentía e intensidad mexicana, que dominó los primeros veinte minutos del encuentro. Durante este tramo, Brasil no encontró a Neymar, Coutinho no apareció y México quiso aprovecharlo imprimiendo un ritmo tan alto como insostenible durante todo el partido en que la presión y la verticalidad eran sus dos grandes bazas. Por un lado, la selección mexicana logró ahogar la salida de balón brasileña y, a partir de ahí, robar y verticalizar rápidamente, sobre todo desde el costado izquierdo donde Carlos Vela, jugando a pie natural, se mostró desde un inicio superior a Fagner. También acompañaron a ello tanto Guardado como Héctor Herrera, que resguardados por Rafa Márquez, disfrutaron con adelantar sus posiciones y llevar peligro también en la frontal del área. Sin embargo, fue a partir de esta zona de tres cuartos donde toda decisión ideal, reinante en el resto del campo, desaparecía de los pies de los jugadores mexicanos -que topaban con el cerrojo brasileño que está demostrando ser la pareja de centrales entre Miranda y Thiago Silva- y con ello, las opciones de gol. El dominio del combinado tricolor no se tradujo nunca en gol y… Brasil despertó.

La selección brasileña es un equipo al que le basta en entrar un momento en trance para dar rienda suelta a todo su talento y cambiar por completo un partido. Un disparo de Coutinho, una arrancada de Willian o… un regate de Neymar. El diez brasileño lideró, a la media hora de juego, la reacción brasileña al dominio inicial mexicano siendo desde la banda izquierda un constante incordio para el lateral Edson Alvárez que apenas pudo frenarle. De las botas del jugador del PSG nació el primer gran asedio de ocasiones al que tuvo que enfrentarse el ‘memo’ Ochoa y del que pudo salir aún airoso. Resultado distinto al del segundo tiempo, en el que Brasil continuó desde un inicio en efervescencia tomando el dominio, las ocasiones y, finalmente, el gol. Este último tras un taconazo de Neymar y un posterior cambio de ritmo imparable de Willian. Ambos trazaron la acción del gol y, posteriormente, continuaron desquebrajando, primero, la presión mexicana y, después, su defensa. México intentó reaccionar, retomando el plan inicial, sin embargo, ni la frescura ni la intensidad fue la misma, por lo que, a pesar de conseguir inclinar de nuevo el campo hacia la portería brasileña, la sensación de verdadero peligro seguía estando del lado brasileño. Y finalmente, terminó llegando el definitivo 2-0. Otra vez, de los pies de Neymar.

La selección brasileña es un equipo al que le basta en entrar un momento en trance para dar rienda suelta a todo su talento y cambiar por completo un partido. Un disparo de Coutinho, una arrancada de Willian o… un regate de Neymar.

Brasil asusta. Disfrutan de elementos diferenciales en la gran mayoría de facetas del juego: el desequilibrio de Neymar, la magia de Coutinho, el liderazgo de Thiago Silva, la llegada de Paulinho o el apaga fuegos que demuestra ser siempre Casemiro. Lo demostraron hoy ante México: tienen el talento, la creatividad y la solidez. Las semifinales ante Alemania cuatro años atrás parecen haberse quedado en un recuerdo doloroso, pero ya muy lejano, en blanco y negro. En resumidas cuentas, Brasil ha nacido de nuevo y sólo sueña con volver a celebrar su triunfo en un Mundial.