El balón parado y Mbappé valen una final

Se citaban Francia y Bélgica en la primera semifinal del Mundial de Rusia bajo la expectativa de ver quién asumiría galones con la pelota y quién mantendría su habitual plan de transitar. La respuesta, como no podía ser de otra forma, vino dada desde las pizarras y fue Roberto Martínez el que eligió blancas para mover primero.

Bélgica no consiguió traspasar al marcador el dominio visual del que dispuso en el tramo inicial.

Bob no rompió su sistema pero sí la elección de ciertos nombres propios en pos de mudar de piel hacia una que se adecuase al plan francés. Con 3 centrales en la línea más atrasada, el seleccionador volteó su centro del campo juntando a Witsel y Dembélé en el doble pivote y a un Fellaini muy móvil por delante cuyo cometido tenía dos caras: sin balón sería la sombra de Paul Pogba y con él se acercaría a Lukaku para cargar el área. Por supuesto, el cambio en las formas conllevó una influencia directa sobre Hazard y De Bruyne, pues ambos experimentaron un desarrollo peculiar del choque. Kevin, partiendo desde la mediapunta derecha, se alejó de la zona de creación y, en un contexto muy diferente al de Brasil, apenas constó de verdad en el encuentro hasta el tramo final. En cuanto a Eden, el futbolista belga más potenciado en este Mundial, no recibió demasiado arropo colectivo con las variaciones en el once por lo que cobra aún más valor su extraordinaria actuación individual. El 10, sin la ayuda táctica habitual, fue el faro sobre el que su equipo hilvanó una primera mitad más que notable. Fue la mecha y la llama de cada ataque de los suyos desde una banda izquierda que Martínez le otorgó en su totalidad para gestionarla a su antojo y buscar a Pavard una y otra vez en el uno contra uno. Y lo meritorio de su partido fue que lo hizo teniendo que partir siempre lejísimos no solo del área sino también de De Bruyne, con la dificultad que ello conlleva para apoyarse y ganar metros.

Francia esperó su momento y a través de un Griezmann “invisible”, un Pogba muy maduro y un Mbappé tremendamente desbocado aseguró el pase a una nueva final.

Por su parte, Francia sufrió para adaptarse al envite. El escenario parecía positivo teniendo en cuenta que Bélgica asumió el mando y la amenaza de Griezmann lanzando y Mbappé llegando siempre estaba presente pero durante el primer acto de encuentro casi no inquietó las inmediaciones de Courtois, motivado en parte por el marcaje de Fellaini sobre Pogba. Sin embargo, en defensa se valió de un excepcional partido de Varane para sobrevivir a los tramos de acoso belgas, lo cual le permitió ejecutar a la perfección la segunda mitad del plan. Mbappé empezó a asomar por el carril derecho y después de tres sustos, Los Diablos Rojos se vieron obligados a prestar más atención a lo que sucedía cuando no tenían la pelota. Pogba comenzó a moverse a lo ancho para sacar a su marca de sitio y eso generó espacio a Griezmann. Cuando el atlético ganó presencia sin llamar demasiado la atención, Kylian se activó y cada transición gala o resquicio para correr fueron un dolor constante para Bélgica. Los cuarenta y cinco últimos minutos del futbolista del PSG sobre el césped constatan que se trata de uno de los nombres propios de esta cita mundialista. No solo dejó jugadas de fantasía sino que estas fueron siempre de la mano de una lectura del juego impropia para un imberbe de diecinueve años. Mbappé ha llegado a la madurez sin pasar por la adolescencia y ese es su mejor halago. El gol llegó, en la tónica de este campeonato del mundo, a balón parado y, con 1-0 a favor, Deschamps demostró que esta Francia sabe a lo que juega, pues el poderío físico y trabajo colectivo avalan su tremenda intimidación arriba.

Los cambios intentaron activar a Hazard por dentro y acercarlo a De Bruyne desde la base.

El tramo final de partido, seguramente, echó en falta la presencia de Fellaini como recurso de banquillo pues las alternativas de Mertens por derecha y Carrasco por izquierda fueron decepcionantes. El del Napoli estuvo desacertado en cada acción frente a un Lucas Hernández que está grabando su nombre a fuego en Rusia, mientras que Yannick, que se pegó a la cal para liberar a Hazard entre líneas, no conformó el perfil agitador que su entrenador precisaba. Bélgica murió buscando a Lukaku en el área pero Varane y Umtiti no permitieron ni un ápice de peligro y los de Roberto Martínez se marcharon sin poner a prueba a Lloris en todo el segundo tiempo.

La selección bleu, más madura de lo que muchos podían intuir antes de viajar a Moscú, quiere resarcirse de las lágrimas que arrojó en Julio de 2016 y coronar a una de sus mejores generaciones recientes.

(Foto: EFE)