Entre la evolución de España y el heredero de Piqué

El mejor Barça del Luis Enrique siempre estará ligado a una alineación tan bien memorizada que parecería de otro fútbol ya añejo: Bravo/ter Stegen; Alves, Piqué, Mascherano, Alba; Rakitic, Busquets, Iniesta; Messi, Luis Suárez y Neymar. Así levantó un triplete que dejaba en el sótano al Barça precedente, el del Tata, que había perdido la Liga en el Camp Nou ante el Atlético de Madrid. El final de temporada de cada Barça fue bien distinto. Pero no los equipos en sí. Entre el equipo de Martino y el once de gala de Luis Enrique apenas hubo diferencias. La portería, Rakitic y Suárez. El resto ya estaba y jugaba. No hubo revolución con Luis Enrique, cuyo primer mérito fue reinstaurar la ambición en un equipo perezoso. Favorecido por un tridente excepcional, inyectó su energía. Y eso mismo es lo que se puede esperar de la España de Luis Enrique, que se presenta sin partidos de cortesía en la Nations League: visitará a la mejor Inglaterra en 28 años y recibirá a la mejor Croacia de siempre, subcampeona del Mundial.

Antes de ir a los efectos que puede provocar el entrenador asturiano, es interesante evaluar el contexto. Luis Enrique ha asumido un reto conocido. FC Barcelona y España fueron equipos ejemplares y ganadores. El mejor Barça y la mejor España de siempre. Se superaron a sí mismos y a sus rivales en ese ciclo 2008-2012, con 2013 como anexo (la Liga de Tito y la final, última de España, de la Confederaciones). Lo que Luis Enrique se encontró fue un Barça en recesión, impactado por la muerte de Tito, obligado a improvisar. Lo que el entrenador se encuentra ahora es una España sin grandeza, desconcertado por otra sacudida. Menos dramática, por supuesto: a 48 horas del Mundial se quedó sin seleccionador.

No se renuncia al estilo ni al 4-3-3, sino que se buscan matices para mejorar

España acumula tres decepciones seguidas, aunque la última es distinta. Es un caso particular. No sigue un linaje o una lógica (un producto de una decadencia), sino que responde al desconcierto de quedarse sin entrenador. Un entrenador, Lopetegui, que ya inició una renovación durante dos años. Esa presión tras pérdida, esa flexibilidad táctica y esa verticalización del estilo (Vitolo, Deulofeu) quedó en suspenso. Luis Enrique es el encargado ahora de retomarlo.

De pronto, el Mundial cuestionó la identidad de España. Sus 1.000 pases ante Rusia solo sirvieron para caricaturizar su estilo. A la vez, el triunfo de una Francia táctica y física se vio como la presunta evolución del fútbol. Como si hubiera estilos ganadores, cuando el estilo que gana es el que se ejecuta mejor. Ante la duda, razonable o caprichosa según gustos, Luis Enrique impone un mensaje de renovación, no de renuncia: “Se puede evolucionar el estilo. Al jugador hay que darle armas. Todos te estudian, te conocen. Seguiremos siendo protagonistas con el balón, pero dando matices. Nos vamos a encontrar con equipos replegados. Ahí podemos mejorar”. Los matices con Lopetegui se vieron pronto. Ahora habrá que distinguir los de Luis Enrique. Si esta España probará elr ecurso del contragolpeadora aunque no tenga un tridente como era el azulgrana. O si variantes como el 3-4-3 se pueden asentar aunque el 4-3-3 vaya a ser el sistema de base.

Muchos centrales opositan a la vacante de Piqué y Nacho tiene motivos para ir por delante

La primera convocatoria no le desmintió con Rodri, Ceballos, Sergi Roberto o Suso, un generador de fútbol que juega desde la banda y que ha entrado por Lucas Vázquez, un extremo. Un par de sorpresas (las ausencias de Alba y Koke) no dan para hablar de una revolución de nombres. Recordemos que 19 de los 23 mundialistas estaban disponibles para estos partidos. De esos 19 se mantienen 13. Además, una de las novedades es Morata, que ya jugó la última Eurocopa, y otra es Pau López, que afecta al tercer portero. Por su identidad, el abandono de Iniesta y David Silva serán dos tareas principales. Pero entre los asuntos a resolver ha aparecido con interés el centro de la defensa. El retiro de Piqué también es un tema principal y visible desde la primera citación. Y es que, respecto al Mundial, son novedad Íñigo Martínez, Raúl Albiol y un Diego Llorente que, aun lesionado, pasó varios días en la concentración para entrar ya en la dinámica del grupo. Sí sigue Nacho y otras opciones como Bartra siempre parecen latentes. Se abre un periodo de incertidumbre.

La jerarquía del capitán Sergio Ramos sigue vigente y su nueva pareja podría ser Nacho, compañero en el Real Madrid, ya establecido en la Selección y, sobre todo, de una calidad y fiabilidad defensiva altísima. Parece la opción, a corto plazo, más segura para solventar un vacío evidente tras 10 años de Piqué, unos de los mejores y más exitosos centrales. El desafío es enorme. Un buen trato del balón y la valentía para defender alto o muy alto son requisitos mínimos en cualquier equipo que aspira de dominar la pelota y el territorio. El apadrinamiento de Ramos, partícipe de la mejor España, debe facilitar estas oposiciones a segundo central. Es uno de los aspectos que estarán a examen en la España que Luis Enrique ha venido a liderar.

FOTO: Selección Española de Fútbol (@SeFutbol)