Arthur juega, Valverde equilibra

Cuando el Barça perdió ante el Leganés ya venía de empatar ante el Girona y aún no se había dejado otros dos puntos, también en casa, ante el Athletic. Pero ese 2-1 en Butarque, la primera derrota de la temporada, desnudó una debilidad y un problema. Con esos dos goles el Barça ya había encajado siete, una cifra que la temporada pasada no alcanzó hasta la jornada 14 (02/12/17). En la previa de esa derrota Valverde había dejado unas declaraciones significativas: “Nos tenemos que reajustar de alguna manera. El fútbol es un juego de equilibrios. A veces jugamos con hasta cuatro delanteros y eso lo tenemos que cubrir”. El míster hablaba del tridente formado por Messi, Suárez, el rehabilitado Dembélé más un Coutinho que jugaba como interior izquierdo. Así, con Munir entrando por Suárez, jugó el Barça ante el Leganés. Valverde tenía que encontrar nuevos equilibrios, un reto que no era nuevo para él en el Camp Nou.

Del adiós de Neymar al doblete. No solo no era una tarea nueva, sino que la anterior prueba la superó con mérito. Había un problema táctico y hasta anímico. El Barça había perdido a Neymar. Luego perdió de mala manera la Supercopa ante el Real Madrid. Ante el pesimismo, Valverde buscó la estabilidad y el sosiego. Si el último Barça de Luis Enrique se entregó al descontrol, el primero del Txingurri haría todo por priorizar ese conrol. Llegó la pausa, un equipo muy junto y un 4-4-2 en fase defensiva (en ofensiva todo era más asimétrico y mutable). Centró a Messi, potenció a Alba, recuperó a Iniesta y solidificó el bloque haciendo de Rakitic el complemento de Busquets. Con Dembélé trastabillado y Coutinho a media jornada (llegó en la segunda vuelta y no pudo jugar la Champions), hizo un equipo más fiable que brillante. Más resistente que creativo. Eso, la brillantez, quedaba para Iniesta y, sobre todo, Messi. No era un Barça canónico, pero quizá sí el mejor Barça posible. Uno que ganó Liga y Copa, aunque rompió muchos cristales en Champions. Era el equipo, cada uno siendo importante en su papel, de Leo y Valverde.

Con Dembélé y Coutinho en el once Valverde tuvo que buscar el equilibrio

Sin Iniesta, con Dembélé. La nueva temporada planteaba nuevo horizonte. Por encima de todo, ya no estaba Iniesta. Sumado a eso, Coutinho y Dembélé estaban disponibles desde el primer momento. Y Valverde fue definiendo un nuevo equipo. Dembélé, cuya continuidad incluso no parecía clara tras la llegada de Malcom, agarró la titularidad desde el primer día. Y el protagonismo. Se justificó no con asistencias, sino con goles. Ganó confianza. Era imprevisible, pero impulsivo. Capaz de goles excelentes y de pérdidas imprudentes. Se hizo sitio como extremo izquierdo, con mucha tendencia a jugar por dentro, y Coutinho quedó en el interior zurdo. El Barça volvía al 4-3-3. Las sensaciones no eran buenas y los goles encajados eran el síntoma de un nuevo desajuste. Faltaba concentración, contundencia y organización. El equipo no se articulaba de modo convincente. Y el mal ataque acaba en una mala defensa. El equipo, por encima de la vistosidad o de la ortodoxia, era frágil y parecía desorientado.

Así, ante el Leganés Dembélé pronto dejó de dar amplitud, metiéndose por dentro como si jugara Alba y no Vermaelen. Y el 2-1, aunque llegara solo un minuto después del 1-1, concedió un 2×1 en inferioridad. Un fuego en el que, además, Piqué falló cuando lo pudo extinguir. El equipo se descosía, las individualidades no ponían parches y Messi daba la estabilidad que ahora el bloque no encontraba. Entonces llegaron los tres partidos de Liga en una semana, dos en casa. Y un balance pobre (2/9). En el desconcierto, con el debate del estilo en un punto alto, llegaba Wembley, cumbre del mejor Barça. El de Cruyff, el de Guardiola. Un partido grande en un lugar querido. La oportunidad para dar un giro o el riesgo de un resbalón serio.

Con Arthur en el once y Coutinho más arriba el Barça se ordenó mejor y su juego ganó calidad

Con Arthur llega el orden. El partido de Wembley, ante el Tottenham, cogió un camino prometedor desde las alineaciones. Coutinho entraba por Dembélé en el extremo izquierdo y, a su vez, Arthur ocupó el hueco de Coutinho como interior. Hasta ahora Arthur solo había sido titular dos veces, y en ambos casos acabó sustituido por Coutinho, precisamente. La letra en Wembley, pues, sonaba bien y la música tampoco desafinó. Todo lo contrario. Fue el mejor Barça del curso y uno de los mejores con Valverde. El medio brasileño, nuevo soporte de Busquets junto con Rakitic, fue un elemento más para asociarse y darle continuidad y seguridad al juego.

Por resultado (2-4), escenario, juego y nombres, el partido debería ser un punto de inflexión para Valverde y el Barça 18/19. Con Arthur en el once y Coutinho más arriba, fue el Barça más ordenado de la temporada. Aunque el Tottenham, con intensidad, quiso apurarle tras el 1-0 y en la recta final, el equipo supo controlar el partido desde la pelota. Con un 4-3-3 en fase ofensiva y un 4-4-2 en la defensiva. El Barça encontró recursos para conservar la pelota, con Busquets y Arthur, y para ser agresivo con ella: Coutinho decidió en el área, Alba encontró el carril limpio y Messi, esta vez con un equipo que le acompañaba, fue memorable. Su partido solo habría sido más mágico si estuviéramos en 1950. Cuando, sin televisión, hazañas así llegaban como ecos de otro mundo. Valverde favoreció al equipo y el equipo, esta vez, también jugó a favor de Messi.

 

FOTO: Shaun Botterill (Getty Images)