El Real Madrid de Lopetegui: metido en la urgencia

Ni una victoria, aunque fuera la primera tras cinco partidos, consoló al Real Madrid, enredado en una crisis de confianza que ha encasillado a Lopetegui en el extraño papel de interino. El 2-1 ante el Viktoria Plzen fue un partido propio de un equipo tocado. En ataque cayó fácilmente en el conformismo ante la debilidad del rival y en defensa fue tan invisible que concedió cuatro ocasiones claras a un rival que, al final, marcó para aumentar aún más la ansiedad de un equipo metido en la urgencia.

Quizá, el peor sentimiento que despierta ahora el Real Madrid no es la decepción, sino el desconcierto por una crisis no anunciada. Hace un mes, el equipo de Lopetegui alcanzó ante la Roma su versión más armoniosa. En ella, confirmó todo el trabajo desde verano: la presión alta, el juego colectivo en creación y finalización… No era un equipo hecho, claro. La primera parte en Montilivi o los minutos entre el empate del Leganés en el Bernabéu y el descanso fueron deficientes. Sin embargo, era un equipo con buena forma y maneras, reconocible porque aceptaba bien los principios del nuevo entrenador. Incluso, uno pensaba entonces que el Real Madrid de Lopetegui podría jugar mejor que el de Zidane y Cristiano. Y que, sin embargo, podría ganar menos títulos.

Era un juego menos de arrebatos e inspiración y más uniforme. Con amplitud por fuera con la exuberancia física de Carvajal y movilidad por dentro. Sin Cristiano, el Real Madrid debía reconfigurarse. Lopetegui, en varias ruedas de prensa, reconoció y asumió la tarea: “Como entrenador es un reto apasionante reinventar un equipo sin Cristiano, competitivo, con ambición y que opte a todos los títulos. Sobre todo quiero resaltar la palabra equipo por encima de una individualidad. Tenemos grandes individualidades y esperemos que formen un gran equipo. Esperamos ser capaces de hacer esos 50 goles de Cristiano como equipo, sin que la responsabilidad caiga sobre la espalda de nadie, de manera colectiva. Hay que superar esos registros marcando goles con más jugadores y encajando menos”.

La crisis de confianza ha encasillado a Lopetegui en el extraño papel de interino

Y el proceso no pasaba desapercibido para entrenadores rivales como Eusebio di Francesco, que declaró en ‘El País’: “El Real Madrid, respecto al año pasado, trabaja más como equipo, más compacto. Buscan más la presión conjunta. Ahora son más continuos en su propuesta. Cristiano resolvía muchos partidos, pero el equipo no está notando su ausencia”. Machín, cuyo Sevilla abrió el actual boquete en el proyecto de Lopetegui, afirmó: “Sin Cristiano en el Madrid hay jugadores que brillan más, los focos se reparten entre los que juegan y los que rotan. No me atrevo a decir que es mejor o peor equipo. Es más equilibrado, no juega para que marque una persona y eso les hace más peligrosos”.

Y entonces todo cambió. Los datos asombran. Después de ganar a la Roma, el Real Madrid encadenaba 5 partidos (4 victorias) sin perder (goles 11-3). Después de jugar ante el Levante, había encadenado 5 partidos (4 derrotas) sin ganar (goles 1-7). Ese juego ordenado y colectivo, que hacía del Real Madrid un equipo sostenible sin Cristiano, se ha ido deteriorando. Las respuestas solo llegaban ya en forma de auxilio individual como Ceballos (Atlético) u Odriozola (Alavés). Benzema perdió aroma y, sobre todo, gol, Isco fue baja, a Modric se le siguió haciendo largo el Mundial y Asensio pasa de puntillas. En este proceso de degradación Bale al menos mantenía el valor de la constancia mientras el físico le respetaba.

Se diluyó la presión alta, falta fiabilidad y la posesión no encuentra profundidad

El equipo empezó a tener disfuncionalidades. Se diluyó la presión alta, se repitieron fallos individuales que minaban la fiabilidad y torcían los partidos y llegó el atasco con mucha posesión pero poca profundidad. Encima, cuando generaba ocasiones, faltó el acierto. Durante mucho tiempo el Real Madrid, autoritario desde sus defectos y sus virtudes, sobrepuso a su falta de juego su capacidad de gol. Ahora es el juego el que debe sostener al equipo aunque el gol se resista. Pero cuando se ha resistido, ese juego da síntomas de fatiga. De ahí el problema. El Real Madrid se refugia en un juego que, por sí mismo, justifique el merecimiento de los resultados. La eficacia queda ahí como razón única. Y no. Ante la Roma faltó eficacia en relación a las ocasiones y su claridad, pero se jugó muy bien. El Real Madrid ahora no se reconoce. Ni es lo que fue ni es lo que quería empezar a ser. Ha pasado de ser capaz de todo a ser incapaz a pesar de todo.

 

FOTO: Javier Lizón (EFE)